Maite Resano: "Siempre digo que el Club Alaia es mi casualidad más bonita, porque 20 años después seguimos aquí"
El club navarro de gimnasia rítmica cumple dos décadas, convertido en un referente nacional, con 200 gimnastas y 15 temporadas consecutivas en Primera Categoria
Lo que empezó en 2006 como una salida casi improvisada para que cinco niñas –Laura Uhalte, Paula Martínez, Raquel Esteban, Sara Oyón y Silvia Uhalte– pudieran continuar su carrera deportiva se ha convertido, dos décadas después, en uno de los clubes de referencia de la gimnasia rítmica nacional.Maite Resano Fonseca (Pamplona, 1978), fundadora y presidenta del Club Alaia, repasa el camino recorrido, los momentos difíciles, el crecimiento deportivo y, sobre todo, el valor humano de un proyecto que define como “una gran familia”.
Cuando comenzó con el Club Alaia, ¿imaginaba entonces celebrar un 20 aniversario?
–Para nada. El objetivo era que esas niñas terminaran su carrera deportiva de la mejor forma posible. Nada más. Nunca pensé que llegaríamos hasta aquí.
¿Cómo fue el proceso de crear Alaia?
–No sé si fui valiente o inconsciente. En 2005 se tomó una decisión que no estaba de acuerdo. Me pareció injusto y decidí no seguir. Les planteé a cinco gimnastas y a sus familias crear un club. Creyeron en mí y me apoyaron desde el primer momento. Fue una etapa complicada.
¿Qué dificultades se encontró?
–No teníamos instalaciones, entrenábamos debajo de las gradas, sin tapices, hacíamos preparación física alrededor del parque de la Vuelta del Castillo… Después pasamos por Puente la Reina y en 2008 llegamos al Valle de Egüés, donde seguimos hoy. Siempre digo que Alaia fue mi casualidad más bonita, porque 20 años después seguimos aquí. La verdad es que Cristina Jaurrieta y Lucía Viedma nos ayudaron mucho en los inicios en Larraona y en Puente la Reina.
Porque usted empezó como gimnasta y ahora lidera un club referente. ¿Cómo ha sido su trayectoria dentro de la gimnasia rítmica?
–Yo empecé de pequeña en Anaitasuna y lo dejé con 16 años. Entonces, me propusieron entrenar a unas niñas y empecé como entrenadora. En 2006 creé Alaia. Se fundó con cinco niñas y sus familias: Rosa Alonso, Milagros Ciordia, Fernando Esteban, Felicísimo Martínez, Mari Carmen Martín, José Manuel Oyón, Juli Roldán y Luis Uhalte. Hoy tenemos escuela, equipo de precompetición y equipo de competición a nivel nacional. Somos alrededor de 200 niñas. Hemos crecido mucho.
¿Qué recuerda con más cariño de su etapa como deportista?
–Más que los campeonatos o las medallas, recuerdo los viajes, el hotel, el amigo invisible… Las amistades que haces. La gimnasia es muy exigente, pero lo que se te queda son esas experiencias compartidas. Muchas de esas amistades todavía las mantengo.
La rítmica es un deporte duro. ¿Qué hace que quien lo vive se quede enganchado?
–La pasión. Es difícil explicarlo. Se entrenan muchas horas y es exigente, pero compartes tanto… Viajas, haces amistades muy fuertes. Es una etapa muy intensa y muy bonita, y cuesta mucho desengancharse.
¿Cuándo supo que quería seguir vinculada a la gimnasia después de su etapa compitiendo?
–No lo tenía pensado. Estudié Trabajo Social y durante un tiempo lo compaginé con entrenar. Incluso llegué a trabajar en ello. Pero hubo un momento en el que me di cuenta de que donde realmente disfrutaba era en el pabellón. Fue algo muy natural, no estaba en mis planes.
Alaia lleva 15 años consecutivos en Primera Categoría, donde solo compiten 18 clubes en toda España. ¿Qué supone eso?
–Es un orgullo enorme. Somos un referente nacional. Pero también implica responsabilidad, porque hay ascensos y descensos y hay que trabajar muy duro para mantenerse. La rítmica es muy cíclica y hay relevos generacionales, pero llevamos desde 2014 de manera continua en la máxima categoría. Este año, además, conseguimos estar entre las ocho mejores y pasar a las finales.
¿Qué diferencia a Alaia de otros clubes?
–La gran familia que somos. Tenemos un espíritu común: disfrutar, trabajar con ilusión y transmitir esa pasión a niñas, entrenadoras y familias.
Ha dicho que valora más la familia que los resultados, pero el palmarés es amplio. ¿Es consciente de lo que se ha conseguido?
–Muchas veces no. Cuando me preguntan por resultados tengo que ir a los archivos y entonces pienso: “Guau, todo esto ha pasado”. Pero es fruto del trabajo del equipo técnico, de las familias y del apoyo institucional. Sin ellos sería imposible.
¿Cómo ha cambiado la Maite gimnasta respecto a la Maite entrenadora?
–Soy muy diferente. Como gimnasta iba a disfrutar y a estar con mis amigas, no era especialmente competitiva. Como entrenadora he evolucionado mucho en estos 20 años. Ahora damos mucha importancia al aspecto psicológico, a la cercanía, al mimo. Antes quizá marcaba más distancia. Hoy Alaia es familia, es trabajo en equipo y acompañamiento.
¿Qué intenta transmitir a las niñas?
–Valores. La disciplina es importante, sí, pero también el crecimiento personal. Sabemos que pocas podrán vivir del deporte, así que queremos que tengan herramientas para la vida. Que sean mujeres fuertes, con recursos, capaces de afrontar lo que venga. Muchas nos dicen que, aunque han renunciado a cosas, la gimnasia les ha aportado mucho más.
¿Qué significa para usted ver cómo crecen las gimnastas del Club Alaia?
–Me emociona. Aquellas adolescentes que confiaron en mí desde el principio siguen hoy vinculadas al club como entrenadoras. He ido a sus bodas, he visto cómo forman sus familias… Me siento casi una segunda madre. Compartir con ellas lo que nos une, que es la gimnasia, es maravilloso.
¿Cómo imagina el club dentro de 10 o 20 años?
–Me encantaría que mantuviera ese espíritu alegre y trabajador, que siguiera transmitiendo valores y pasión por la gimnasia. Aunque yo no esté, que haya relevo generacional y que Alaia siga muy viva.
¿Te queda algún sueño por cumplir?
–A nivel deportivo, que alguna gimnasta llegue a la selección española y pueda competir en un Europeo, un Mundial o incluso unas Olimpiadas. Es muy complicado, pero sería increíble. Y a nivel personal, seguir disfrutando de mi trabajo. No todo el mundo puede decir que trabaja en lo que le apasiona. Nosotras sí, y eso no tiene precio.
¿Y cómo ve el futuro de la gimnasia rítmica?¿Hacia dónde cree que evoluciona?
–Ha cambiado muchísimo respecto a cuando yo competía. Ahora se trabaja mucho más la preparación física, la fuerza, el ballet… Son deportistas muy completas. Quizá en las composiciones no se note tanto, pero el nivel físico ha subido muchísimo. La rítmica es cada vez más exigente y profesional.