Oriol Cardona y Ana Alonso han puesto en primer plano al skimo —también conocido como esquí de montaña— al lograr tres medallas en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, donde Cardona ha conquistado el oro en el sprint individual masculino, mientras que Alonso se ha colgado el bronce en el lado femenino. Además, en la prueba de relevos mixtos ambos atletas lograron un bronce para la delegación española. Tres minutos de esfuerzo extremo, cambios vertiginosos de material y un descenso explosivo han bastado para captar la atención de la gente. Pero lo que se vio en el circuito olímpico es solo una parte —la más televisiva— de una disciplina que nació en la alta montaña y que exige mucho más que velocidad.
La prueba sprint, la gran protagonista del estreno olímpico de este deporte, condensa la esencia competitiva del esquí de montaña en un recorrido corto y espectacular. Los corredores parten con los esquís puestos y ascienden con unas pieles adheridas a la suela que les permiten progresar sin deslizarse hacia atrás. Superan un primer tramo de subida, después se quitan los esquís y se los colocan en la mochila para afrontar a pie una sección más empinada —en los Juegos incluso con escalones tallados en la nieve— y, tras volver a calzarse el material, culminan con un descenso al estilo slalom hasta meta. “Son carreras de alrededor de tres minutos escasos”, ha explicado Imanol Armendáriz, técnico de skimo de la Federación Navarra de Montaña. “Todo va enfocado de cara a la televisión”, ha dicho. El formato de los Juegos ofrece una competición comprensible, dinámica y atractiva. “Lo más visual es un terreno controlado, en una estación, en el que suben y bajan en un entorno cerrado”, ha añadido Armendáriz.
Sin embargo, el técnico ha insistido en que el origen del esquí de montaña es otro. “Como dice su nombre, es hacer una montaña. Se trata de subir un monte con tu mochila, el tiempo que te cueste, y luego bajar”. Esa es la raíz de una disciplina con décadas de tradición en los Pirineos y en los Alpes, donde las pruebas clásicas “pueden durar entre dos y cuatro horas” y encadenan varios collados y cumbres en un recorrido, normalmente, circular.
Lo visto en los Juegos, ha reconocido, “ha derivado un poquito hacia esto” y, en cierto modo, “ha robado el nombre” porque en realidad “no estás en la montaña, estás en una estación, en un entorno controlado”, aunque el material sea el mismo. Porque tanto en el sprint olímpico como en una travesía alpina se utilizan esquís ligeros y pieles para el ascenso. La diferencia está en el contexto y en la exigencia del entorno.
Las pieles —conocidas popularmente como pieles de foca por su uso tradicional— son uno de los elementos esenciales. “Es como un terciopelo que en un sentido es suave y en el otro va a contrapelo, que es lo que te hace agarrar la nieve al subir”, ha detallado Armendáriz. En la actualidad son sintéticas o de mohair (pelo de cabra angora), pero mantienen la misma función, permitir que el esquiador avance pendiente arriba. Una vez en la cima, se retiran, se fijan los talones —como en el esquí alpino— y comienza el descenso. En la modalidad olímpica, la mochila sirve fundamentalmente para portar los esquís en la subida de los escalones. En una carrera clásica de montaña, en cambio, el equipamiento es más completo: detector de avalanchas, ropa adicional, crampones y otros elementos de seguridad obligatorios. “En una carrera de esquí de montaña te obligan a llevar material”, ha subrayado el técnico navarro. El terreno no está tratado, por lo tanto la responsabilidad recae en el propio corredor.
Diferentes modalidades
Además del sprint y el relevo mixto —disciplina en la que España también logró medalla— el calendario competitivo incluye la cronoescalada y la modalidad individual. La primera consiste en ascender desde un punto bajo hasta otro alto, generalmente entre 700 y 1.000 metros de desnivel, en el menor tiempo posible y donde en ninguna parte del recorrido se realiza a pie. “Es subir hacia arriba, el primero que llega es el que gana”, ha resumido Imanol. La modalidad individual, por su parte, enlaza varias subidas y bajadas en un recorrido más largo y técnico, fiel al espíritu de la montaña donde se pueden incluir tramos en los que sean necesarios llevar los esquís en la espalda y hacer un pateo, utilizando cuerdas fijas.
Aquí se celebran Copa y Campeonato de España, además de pruebas populares y citas internacionales. El invierno concentra la actividad en pocos meses. “En el Pirineo puedes encontrar nieve desde principios de diciembre hasta bien entrado junio en zonas altas”, ha detallado el entrenador. En total, alrededor de cinco meses de temporada real, ampliables si se compite en los Alpes. Más allá del espectáculo y de la exigencia física, el esquí de montaña es un deporte que requiere conocimiento del medio. “La clave es conocer la montaña”, ha asegurado Armendáriz con rotundidad, ya que la nieve cambia con la temperatura, con el viento, con la meteorología. Se transforma y puede convertirse en un riesgo.
Skimo en Navarra
En la Comunidad Foral este deporte se estructura dentro de la Federación de Montaña, que cuenta con un equipo de competición formado por alrededor de diez corredores de distintas categorías, desde adolescentes de 13 o 14 años hasta adultos de 30. Compiten en Copa y Campeonato de España y algunos participan también en pruebas internacionales en los Alpes. Además, varios de los corredores navarros practican trail running en verano y se especializan en esquí de montaña en invierno. “Cada año hay más nivel y más preparación”, ha dicho Imanol. En sus casi veinte años vinculado a este deporte, ha observado una evolución clara hacia una mayor profesionalización y recomienda para los que se inicien en esta práctica “hacer un curso en el que te orienten sobre los peligros y las técnicas”.