Marruecos quiere afianzar su revolución
Tras romper el techo del fútbol africano en Catar, los ‘Leones del Atlas’ pretenden demostrar que aquello no fue una excepción, sino el salto para estar entre las grandes
“Nadie es invencible”. Es el mantra, símbolo de la mortalidad, que se repite en las instalaciones de entrenamiento y en los vestuarios de una de las selecciones participantes en la presente edición de la Copa del Mundo. Es la invocación a un acto de fe. Es una llamada a la confianza. Es un billete hacia la esperanza. Es la icónica frase que Mohamed Ouahbi proclama para inspirar a Marruecos. Porque todos, absolutamente todos, son vulnerables. Aunque para alcanzar la victoria es importante gozar de recursos. Es el caso de Marruecos, un equipo construido en base a la diáspora.
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Hace no tanto, Marruecos era una selección incómoda. Solo eso. Un rival al que tratar de evitar, aunque a priori de inferiores prestaciones. No entraba en ninguna de las quinielas como aspirante a firmar grandes gestas. Pero esa historia dio un giro en Catar 2022. La semifinal alcanzada no fue únicamente el mejor resultado de la historia del fútbol africano en los Mundiales, sino que además significó un cambio que ahora el combinado de Ouahbi pretende consolidar.
Marruecos lideró un grupo compuesto además por Croacia, Bélgica y Canadá. En octavos de final se deshizo de España y en cuartos eliminó a Portugal. Solo Francia fue capaz de detener el avance de esta revolución que alteró la jerarquía tradicional del fútbol internacional y obligó a Europa y Suramérica a mirar hacia el Magreb con otros ojos.
Cuatro años más tarde, los Leones del Atlas han retornado a la escena mundialista transformados en amenaza en lugar de sorpresa. Recientemente reafirmaron su estatus con el título de la Copa de África; si bien, esa condición se ganó en los despachos y no sobre el terreno de juego tras el polémico abandono de Senegal en la final como señal de protesta por una decisión arbitral.
Una nueva dimensión
Esto quiere decir que Marruecos asiste con el peso de una responsabilidad que jamás había cargado antes. La exigencia se ha elevado y competir con dignidad no parece que será suficiente para colmar las expectativas. “Hemos entrado en una nueva dimensión, ahora se nos respeta mucho más. Tenemos que asumir esto y estar a la altura durante todo el torneo. Ahora, cuando Marruecos se presenta a una competición, tiene que ir a por el trofeo”, sentenció Ouahbi.
Y este nuevo contexto se debe, entre otras causas, a la reunión de un grupo de jugadores nacidos fuera de las fronteras del país. La selección ha apostado por la captación de talento. 19 de los 26 efectivos que integran la convocatoria de Ouahbi nacieron en España, Francia, Países Bajos, Bélgica y Canadá. Incluso el seleccionador fue concebido fuera, en Bélgica.
Durante el estreno en el Mundial frente a Brasil se dio la circunstancia de que por primera vez en la historia una selección puso sobre el terreno de juego un once íntegramente nacido fuera del país al que representan. Una tendencia que va en aumento, como se ha visto con Argelia, Túnez, Senegal, Congo, Curazao, Bosnia, Haití, Cabo Verde o Catar, que han propiciado que casi uno de cada cinco jugadores que disputa el torneo haya nacido fuera de las fronteras del país al que representan.
El presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, se proyecta desafiante ante estas decisiones apelando a un ejemplo de futbolista con doble nacionalidad que, en su caso, optó por vestir la camiseta de España: Lamine Yamal. “Espero que nos encontremos con él en una final para aclararle si eligió bien”, declaró en una entrevista concedida a Aljazeera360, dejando muestras del orgullo que infunde este combinado marroquí.
Un estreno prometedor
En el caso de Marruecos, sus primeros pasos en esta Copa del Mundo han confirmado el crecimiento de la selección. El empate logrado ante Brasil (1-1) fue una advertencia. Los de Ouahbi discutieron el control e incluso lo adoptaron en uno de los partidos con mayor cartel de la fase de grupos. Los marroquíes transmitieron sensación de superioridad durante fases importantes del duelo.
Después, la victoria frente a Escocia (0-1) permitió a los norteafricanos situarse en una posición privilegiada para acceder a las eliminatorias. A falta de la última jornada, comparten liderato con Brasil y mantienen intactas sus opciones de terminar primeros de grupo. De hecho, su último compromiso será el más asequible sobre el papel, contra Haití.
Aquella selección que hizo un ejercicio superlativo de supervivencia, de sacrificio colectivo y una solidaridad defensiva conmovedora, ha añadido una capa más a su propuesta. Ahora también sabe proponer, llevar la iniciativa. Tras suceder en el cargo a Walid Regragui, quien dejó el banquillo tras caer en la citada final de la Copa de África a solo 98 días de la celebración del Mundial, Ouahbi ha ajustado el esquema del equipo hacia un fútbol más fluido, sin descuidar el rigor defensivo. Ahora Marruecos transmite madurez sobre el césped.
Un bloque compacto
Achraf Hakimi, madrileño de nacimiento, sigue siendo el rostro más reconocible del proyecto. El lateral del Paris Saint-Germain ejerce como capitán y referente en días oscuros a nivel personal, ya que en pleno desarrollo del Mundial se ha conocido que será juzgado tras ser acusado de violación. Los focos también apuntan a Ayyoub Bouaddi, mediocentro del Lille al que siguen los grandes de Europa; Ismael Saibari, mediapunta del PSV nacido en Terrassa que ha sido reubicado como delantero y ha firmado los dos tantos de su selección hasta el momento, siendo el segundo africano que anota en sus dos primeras apariciones mundialistas; Brahim Díaz, originario de Málaga y jugador del Real Madrid, o el centrocampista Bilal El Khannouss, del Stuttgart.
Pero la verdadera fortaleza de Marruecos reside en el bloque, en la cohesión. Es un equipo compacto con piezas interesantes en todas las líneas. De hecho, excepto seis jugadores, todos pertenecen a clubes europeos de primera línea. Y de esa media docena que juega fuera de Europa solo dos defienden los colores de equipos marroquíes; otros dos se desempeñan en Arabia Saudí, uno en Emiratos Árabes y otro en Egipto.
Esta Copa del Mundo aparece además como una especie de puente entre dos épocas: la selección que asombró al mundo en Catar y la que aspira a llegar a su propio Mundial, el de 2030, convertida en una potencia consolidada. Y cabe apuntar que para esta cita que acogerán de manera conjunta Marruecos, España y Portugal llegará una nueva remesa de jugadores que conquistaron el Mundial sub’20 de 2025 de la mano de precisamente el seleccionador actual, Mohamed Ouahbi. En Estados Unidos, México y Canadá busca afianzar su revolución demostrando que Catar no fue una excepción, sino el principio de un cambio de rol.
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