La historia del fútbol se considera a partir de 1863, año de fundación de la Asociación Inglesa de Fútbol. El debate siempre permanecerá abierto, ya que en Florencia también se atribuyen la condición de cuna del fútbol moderno, datando sus orígenes en el siglo XVI. El caso es que la oficialidad se le adjudica a Inglaterra. Pero los ingleses tuvieron que aguardar hasta 1966 para levantar su primera Copa del Mundo. La tropa integrada por Gordon Banks, Bobby Moore, Bobby Charlton o Geoff Hurst se impusieron a la República Federal de Alemania de Franz Beckenbauer en una de las finales más apasionantes de la historia de la competición. Los alemanes se adelantaron a los anfitriones, y estos lograron remontar. Pero los germanos igualaron el partido en el minuto 89 para conducirlo a la prórroga, donde Inglaterra sentenció con otros dos tantos para plasmar el 4-2.

Antes de esta gesta, en el país inglés siempre se convivió con la sensación de que el fútbol tenía cuentas pendientes con sus inventores, huérfanos de gloria. Ocurre que desde aquel glorioso día en Wembley, ante más de 96.000 espectadores, Inglaterra alberga la misma sensación: el fútbol sigue en deuda, sin corresponder con gratitud a sus fundadores. “Tenía 24 años y, desde entonces, me he pasado la vida oyendo todo tipo de elogios por lo que hice en una sola tarde”, recordaba Hurst, autor de un hat-trick, el único con tres goles en una final hasta que apareció Kylian Mbappé en Catar 2022. El pueblo sigue alabando a Hurst por lo que sucedió aquella magnífica tarde del 30 de julio. La mirada permanece fija en el retrovisor. Inglaterra vive de su memoria.

Los jugadores ingleses se abrazan tras marcar uno de los goles frente a Croacia. EFE

Debate nacional

Desde entonces, ninguna generación ha conseguido poner fin a una espera que se ha convertido en una pesada herencia. Durante este camino ha habido multitud de nombres ilustres y brillantes plantillas, y por supuesto las mayores expectativas. Porque la historia de Inglaterra es la de una selección que siempre parece estar cerca, pero que nunca logra consumar. En paralelo fue creciendo un debate sobre la liga más poderosa del planeta, la Premier League inglesa. Cada vez ha ido reclutando más talento extranjero lo que, dicen los críticos, ha ido mermando el trabajo de formación del talento local, y ello se refleja en la selección. Sin embargo, el nivel de los ingleses es innegable, aunque todavía buscan la fórmula que permita trasladar ese poder a nivel de clubes a las grandes competiciones internacionales.

Este Mundial de Estados Unidos, México y Canadá es la enésima oportunidad. Una vez más, los Three Lions se someten a examen, y de nuevo con un grupo que puede considerarse de los más potentes del torneo, una plantilla profunda y dotada de talento. Cuando Thomas Tuchel asumió el cargo de seleccionador a comienzos de 2025 el reto era claro: llevar a Inglaterra a lo más alto. El alemán, campeón de la Champions League con el Chelsea y ganador de ligas en Francia y Alemania, heredó una selección consolidada por Gareth Southgate, pero todavía incompleta en su palmarés. De hecho, aquel equipo llegó a la final de la pasada Eurocopa que conquistó España. Tuchel no ha rehuido de la responsabilidad: “Nuestro objetivo es ganar y trabajaremos cada día para lograrlo”.

Un estreno estimulante

El estreno mundialista no pudo ser más estimulante. La victoria por 4-2 frente a Croacia dejó destellos de lo que pretende construir Tuchel. Una Inglaterra con un sistema táctico de 4-2-3-1 más agresiva, más vertical y un dinamismo y variantes que conceden una libertad ofensiva que se echaba en falta. Aunque el entrenador alemán es estricto, riguroso. No da cabida a la complacencia. El manual del seleccionador alemán es la conjunción de una disciplina férrea, una elevada exigencia y la voluntad de potenciar el deseo de ganar. El triunfo colocó a los ingleses en una posición privilegiada antes de afrontar los compromisos frente a Ghana y Panamá.

El portador del brazalete de capitán sigue siendo Harry Kane, sobre quien recaen gran parte de las esperanzas como principal artillero que es, pero alrededor del delantero del Bayern habita una generación que puede marcar una época. Jude Bellingham, Declan Rice, Bukayo Saka, Morgan Rogers, Nico O’Reilly, Kobbie Mainoo, Elliot Anderson… “Siempre queremos más. Sabemos la responsabilidad que tenemos con nuestro país”, aseguró Bellingham en declaraciones difundidas por la FIFA. Una colección de talento, versatilidad y potencial físico que ha alimentado las expectativas de un país acostumbrado a vivir entre la ilusión y la frustración. Si bien, el seleccionador germano sorprendió con su convocatoria; tuvo que lidiar con el debate tras prescindir de jugadores de peso como Phil Foden, Cole Palmer, Harry Maguire o Trent Alexander-Arnold. Estas fuertes apuestas serán su éxito o su condena.

Thomas Tuchel da la mano a Jude Bellingham. EFE

Un clasificación inmaculada

Los números de Inglaterra invitan al optimismo. La clasificación para el Mundial fue un paseo militar. Ocho victorias en ocho partidos con veintidós goles a favor y ninguno en contra. Albania, Letonia, Andorra y Serbia fueron incapaces de detener a un combinado que exhibió una superioridad incontestable. Kane, con ocho tantos, encabezó la producción ofensiva de un equipo que apenas concedió. En un partido del Mundial ya lleva dos dianas para iguala las diez de Gary Lineker como máximo goleador de la historia de la selección.

Sin embargo, el pasado aconseja imponer la prudencia. Inglaterra lleva décadas coleccionando decepciones. La semifinal perdida ante Alemania en Italia 90, los penaltis malditos de la Eurocopa de 1996, las generaciones de David Beckham, Steven Gerrard y Frank Lampard incapaces de dar el salto definitivo, o la amarga derrota frente a Croacia en las semifinales del Mundial de Rusia 2018 forman parte de una memoria colectiva marcada por las oportunidades perdidas. En Catar 2022 se estancó en cuartos de final tras caer frente a la subcampeona Francia.

Quizá el mayor lastre de Inglaterra es la presión que la acompaña allá donde va. Pocas o ninguna selección vive con un escrutinio tan feroz. Cada victoria dispara las expectativas y cada tropiezo entierra las ilusiones. Por eso, Tuchel trata de incidir en este aspecto. Como reveló Kane tras el triunfo ante Croacia, el técnico alemán difundió el siguiente mensaje durante el descanso del partido: “Nos dijo que nos quitáramos las ataduras, que nos calmáramos y que nos lanzáramos. Dijo: ‘¿Qué es lo peor que puede pasar? Demostrémosle al mundo de lo que somos capaces’”.

Kane tampoco omite que “ganar un Mundial sería el mayor logro posible”. Es el verdadero reto del vestuario. Debe ser el objetivo una vez más. Y, como tantas otras veces a lo largo de estos últimos sesenta años, el país entero vuelve a soñar con que el fútbol vuelva a casa.