La Estrategia de Seguridad Nacional publicada por los Estados Unidos en noviembre de 2025 anticipó un giro inequívoco hacia el intervencionismo en América Latina, sin margen para la ambigüedad. Donald Trump lo confirmó este sábado desde Palm Beach (Florida) al proclamar que Washington no volverá a “olvidarse de la Doctrina Monroe” y que “el dominio de los EEUU en el hemisferio occidental ya nunca se va a poner en cuestión”, un planteamiento que sitúa el ataque contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro como la aplicación directa de una doctrina renovada con ecos del imperialismo más viejo.
El documento no se limita a una reafirmación retórica de la Doctrina Monroe, sino que la actualiza en clave coercitiva mediante lo que denomina explícitamente un “corolario de Trump”. El lenguaje es inequívoco: Estados Unidos se arroga el derecho de negar activamente a actores “no hemisféricos” –Rusia, China e Irán, principalmente– cualquier capacidad de influencia estratégica en América Latina, incluyendo el control de activos considerados vitales. Desde esta lógica, Venezuela no se trata de un país “con perspectivas diferentes”, sino de un nodo adversario dentro del hemisferio, exactamente el tipo de situación que la estrategia define como un “error estratégico” tolerar. “Durante décadas, otros gobiernos miraron hacia otro lado e incluso contribuyeron a que nacieran amenazas para nuestra seguridad en el hemisferio occidental –ratificó Trump– Queremos países que no alberguen a nuestros enemigos de todo el mundo”.
Uno de los elementos más reveladores del texto es la ruptura explícita con el enfoque tradicional basado en la cooperación policial y judicial. La estrategia contempla, “cuando sea necesario”, el uso de la fuerza letal para derrotar a los carteles. Esta formulación adquiere una dimensión completamente distinta tras la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista, una decisión que no es meramente simbólica: redefine al Estado venezolano como un actor híbrido entre gobierno y organización criminal-terrorista, habilitando doctrinal y jurídicamente operaciones militares directas. En ese marco, el secuestro de Maduro no sería una acción contra un jefe de Estado soberano, sino la neutralización de un líder criminal.
El petróleo venezolano
El documento insiste en la identificación y protección de recursos estratégicos en el hemisferio occidental, bajo liderazgo estadounidense y en colaboración con “socios confiables”. La estrategia no habla de acceso al mercado en términos neutrales, sino de control de activos estratégicos y contratos de “fuente única” para compañías estadounidenses. En ese contexto, un cambio forzado de régimen en Venezuela –el país con las mayores reservas de petróleo probadas del mundo– pasaría a ser una condición necesaria para reordenar la propiedad, gestión y orientación geopolítica de su sector energético. “Hay mucha energía en ese país, la necesitamos para nosotros y para el mundo, y queremos protegerla”, respondió este sábado el presidente estadounidense a los periodistas.
El texto plantea, además, un reajuste de la presencia militar global, priorizando el hemisferio occidental y reforzando la Armada y la Guardia Costera para controlar rutas marítimas clave “en caso de crisis”, donde encajaría el despliegue estadounidense en el Caribe en meses previos al ataque. Nada en la estrategia sugiere improvisación. Al contrario, anticipa despliegues específicos, acceso ampliado a puntos estratégicos y una preparación del entorno regional para operaciones coercitivas de corta duración y alto impacto.
Reclutar y expandir
La lógica de “reclutar y expandir” explica también el silencio, la ambigüedad o el apoyo tácito de determinados gobiernos latinoamericanos. La estrategia promete recompensar a los actores alineados y ejercer presión –económica, diplomática o financiera– sobre los reticentes y convierte operaciones como la emprendida contra en un mensaje disciplinador para el resto de la región. Trump advirtió este mismo sábado de que habrá que “hacer algo” contra el narcotráfico en México.
Por eso, la Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU no deja espacio para la sorpresa. Define a América Latina como un espacio de preeminencia obligatoria para Estados Unidos, legitima el uso de la fuerza, identifica recursos estratégicos a proteger y señala como amenaza prioritaria cualquier gobierno que facilite la presencia de competidores ajenos al continente americano. “El futuro estará determinado por la capacidad de proteger el comercio, el territorio y los recursos, reivindicó el inquilino de la Casa Blanca.