Este martes, el Líbano se sienta a la mesa de negociación con Israel de forma directa por primera vez en más de cuatro décadas para tratar de poner fin a la violencia y los ataques e invasiones israelíes, en unas conversaciones de muy bajo nivel que casi todos consideran abocadas al fracaso ya antes de comenzar.
El embajador israelí en EE.UU., Yechiel Leiter, y su homóloga libanesa, Nada Hamadeh Moawad, se reunen en Washington a seis semanas del inicio de una guerra que deja más de 2.000 muertos en el Líbano y a siete días del alto el fuego en Irán del que Beirut ha preferido desvincularse para mantener una postura independiente.
Ambos equipos negociadores han llegado a la sala con objetivos diferentes para la jornada: el Líbano busca lograr un alto el fuego que dé pie a abrir posteriormente un diálogo más a fondo, mientras que Israel no está dispuesto ni a abordar la posibilidad de un cese de hostilidades, según Leiter.
El lunes, el líder del grupo chií Hizbulá, Naim Qassem, rechazó las inminentes conversaciones "sin sentido" con Israel y consideró que un cambio de estrategia como este requiere un previo consenso interno entre libaneses. "Esta negociación es rendirse, es despojar al Líbano de su fuerza", zanjó.
El desarme imposible
El problema no es tanto la oposición de Hizbulá a este proceso como lo es conseguir su desarme, el principal objetivo de Israel durante las conversaciones.
El Gobierno libanés aprobó un plan para el desarme el verano pasado y redobló su compromiso con la medida después de que un ataque unilateral de Hizbulá a comienzos de marzo desatara la actual ofensiva israelí contra el Líbano.
Sin embargo, la formación chií se niega a deponer las armas al considerar que el Líbano quedaría desprotegido y a merced de Israel, lo que deja al Estado libanés con la única opción de quitárselas por la fuerza, abriendo potencialmente la puerta al estallido de una violencia interna que muchos temen, ahora más que nunca.
Demandas excesivas
Tan solo un día antes del inicio de las conversaciones, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmó que sigue buscando la creación de una "zona de seguridad sólida y más profunda" en el sur del Líbano, donde pretende controlar toda la franja comprendida entre la frontera de facto y el río Litani.
La invasión del territorio libanés sin final a la vista, entre otros planes a los que Netanyahu no parece dispuesto a renunciar, como despoblar y asolar las aldeas fronterizas, ponen al Líbano en una difícil posición para negociar.
Algunos expertos consideran que, para Israel, sentarse a la mesa sería solamente una forma de mostrar que ha puesto de su parte, sin intenciones reales de encontrar una solución negociada, y que el Líbano sería bastante consciente de esta realidad.
Ninguna de las partes tiene una hoja de ruta trazada, incluida la mediación estadounidense, que en 2024 sí logró alcanzar un alto el fuego. Sin embargo, el lunes mismo, Qassem volvió a citar los mismos requisitos que estuvo pidiendo los 15 meses que duró aquel cese de hostilidades: el final de los ataques israelíes, la retirada de sus fuerzas del territorio libanés y la reconstrucción del sur del Líbano.
En todo ese tiempo, sus demandas para dialogar sobre un potencial desarme quedaron sin cumplir, al igual que las demandas israelíes para su desarme total, en una pescadilla que se muerde la cola con pocas opciones de destrabarse en Washington.