La vasca Alazne Solabarrieta fallece en el doble terremoto mientras se busca a una donostiarra
La colectividad vasca se muestra consternada por los devastadores seísmos y mantiene la esperanza de encontrar con vida a María Koro Barriola
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Venezuela llora a sus muertos y también la colectividad vasca de la diáspora caraqueña tras confirmar que una de sus dos integrantes desaparecidas: Alazne Solabarrieta Lecea –de ascendencia ondarrutarra– es una de las víctimas del doble terremoto que ha sacudido Venezuela. La esperanza se centra ahora en encontrar entre los escombros de su edificio a María Koro Barriola, donostiarra. También se conoce que la pareja de la primera, Koldo Olalde Kintela, fue rescatado de su edificio por sanitarios de emergencias.
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Desde la comunidad vasca llegan ecos de miembros muy afectados por lo ocurrido tras los dos seísmos y las réplicas, así como por la posibilidad de un tsunami, lo que hizo la tarde y la noche muy largas. “¿Podré pagar los desastres que hay en mi casa? No sé si tendré la plata necesaria. Bueno, veremos cómo lo arreglaré”, traslada la superviviente del bombardeo de Gernika, la histórica Itziar Rodríguez. “Estaba con una amiga en mi apartamento y se movió la butaca y la tremenda lámpara muy muy fuerte. Cogimos lo primero: la cartera y las llaves y nos fuimos a la calle”. El edificio, por suerte, continúa en pie. “Es imposible entrar en mi casa. Harán falta tres o cuatro días de limpieza y de obras porque las tres primeras plantas están destrozadas”, relata Rodríguez, que a renglón seguido evoca a su prima Begoña Seijoó, también testigo del raid nazi de 1937 en la villa foral y fallecida el pasado sábado a los 91 años. “Ayer –por el miércoles–, día del terremoto, precisamente, Begoña iba a cumplir 92 años”, señala quien es solo seis meses más joven y reside en el Edificio Boston, en la Tercera Transversal de Los Palos Grandes. “Me han acogido familiares en su casa”, agradece a su sobrino Paul Rodríguez y a Bibiana Sucre.
Ayer no era una jornada cualquiera en Venezuela. Además de la fiesta de San Juan, el país conmemoraba los 205 años de la Batalla de Carabobo para su independencia y el Día del Ejército Bolivariano. El presidente del Centro Vasco capitalino, ubicado en la Urbanización de Valparaíso, en la avenida Arismendi, acababa de jugar un partido en el frontón. “Ayer –por el miércoles– fue un día muy atípico aquí, porque hubo sirimiri. No sabemos hoy bien los efectos de la Eusko Etxea salvo ver que se movieron tejas y que se hicieron olas en la piscina”, informa Ibane Azpiritxaga, de ascendencia durangarra. Al conocer la desaparición de Alazne Solabarrieta, Ibane se unió a otros socios jóvenes y se desplazaron al lugar por si podían ayudar. “Hay medios que la han dado por muerta, pero hasta que no aparezca no hay certeza. “De Barriola, solo sabemos que vive en La Guaira y que su edificio se desplomó. Tampoco hay noticias de ella”, explica quien este próximo domingo viaja a Euskadi. “Vamos a dos bodas: se casan mi hermano Julen y también mi hermana Maialen”.
Los seísmos afectaron a la terminal del aeropuerto caraqueño, de la que horas antes de los terremotos partía hacia otro país Iruña Urrutikoetxea. “¡Todavía no puedo respirar bien por todo esto!”, relataba con ansiedad, visiblemente preocupada. Desde Euskadi, las familias trataban de dar con sus parientes en la diáspora. Una de ellas fue la exconsejera Gotzone Sagardui. “Mi osaba está bien, con daños en el estacionamiento y algo en casa, pero nada que no sea reparable”, transmitía.
El editor de Jazoera, Pedro Javier Arriaga, de ascendientes de Durango, Mañaria y Gernika-Lumo, fue el primero en dar información a Euskadi. “Estamos amaneciendo acá y aún no se saben muchos datos. En mi casa hay algunos desperfectos. Siempre la luz del día te trae esperanzas. Se habla ya de que hay gente atrapada, de que hay grupos de rescate ya trabajando, la ciudadanía solidaria total, los venezolanos están ayudando todo lo que pueden. A unos primos nuestros se les ha derrumbado su apartamento de playa”, lamenta y estima en quizás 200 las familias vasco-venezolanas en Caracas. “Llegaron –pormenoriza– a ser en su día dos mil, pero fueron emigrando a otros países”.
Uno de los testimonios más sentidos fue ayer el de María Esther Solabarrieta Aznar, nacida en la capital venezolana durante el exilio de su familia tras la guerra. Su abuelo paterno fue alcalde de Ondarroa en tiempos de la República y su abuelo materno fue primer consejero de Industria del Gobierno Vasco. La bilbaina escribió sentidas palabras a su prima Alazne, desaparecida en San Bernardino, mientras su marido Koldo Olalde era salvado. “Alazne, allí donde estés, un beso muy fuerte y ánimo, queremos verte de nuevo”, concluía su texto de 420 palabras. “Hoy es un día difícil. Me despierto con la noticia de que Alazne Solabarrieta Lecea y Koldo Olalde Kintela han sufrido un terrible terremoto en Caracas y ella, está desaparecida. Koldo Olalde, de Azkoitia ha salido herido, pero afortunadamente vivo”.
A continuación, añadía que Alazne tiene 65 años y es hija de Bittor Solabarrieta Urresti –tío ondarrutarra de María Esther– y Miren Lecea, natural de Deba. Su prima nació en Caracas en 196. Tiene un hermano que reside en Iruñea, Jon, y dos hermanos fallecidos: Elizabete y José Mari.
Cuando Alazne tenía solo un año, la familia regresó a Ondarroa y su padre, Bittor, intentó reflotar la fábrica de anchoas de ‘aitite José Mari Solabarrieta’. Residieron en el municipio costero durante una década y regresaron después a Venezuela, donde estudiaron, trabajaron y rehicieron sus vidas.
María Esther continúa. “Alazne conoció en Caracas a Koldo Olalde nacido en Azkoitia, y trabajaron en el Restaurante Pakea del Ávila hasta hace unos meses que cerraron la persiana y se fueron a vivir al edificio Santa Rita en la Avenida Principal de San Bernardino, una zona muy cercana al Ávila. Tienen dos hijos Ainara e Ilargi y tres nietos pues el cuarto que está en camino y nacerá el próximo mes de julio”.
A juicio de esta bióloga, Venezuela se encuentra situada en una zona de contacto de dos grandes placas tectónicas que se desplazan en direcciones contrarias, lo que produce un rozamiento horizontal entre ambas. El doblete sísmico del miércoles, de intensidad muy alta (7,2 y 7,5), produjo dos sacudidas extremadamente intensas sin tiempo suficiente para absorber o disipar los daños causados por el primer temblor, lo que generó el desplome de edificios, “entre ellos Santa Rita de San Bernardino donde residían Alazne y Koldo”.
De momento han sacado con vida a Koldo, “pero Alazne sigue bajo los escombros, con una esperanza que nunca se pierde, de que la puedan encontrar con vida. Ojalá el final sea feliz”, desea mientras recuerda, como otras personas vascas, el terremoto histórico de 1967 de 6,7 grados. “Yo, entonces, estaba en el Centro Vasco y sentí como si el suelo se fuese a abrir y engullirnos en él, mientras los edificios colindantes se movían de un lado a otro”, inicia y va más allá: “Es muy difícil describir la impotencia que se siente. En ese terremoto falleció el Delegado del Gobierno Vasco Lucio Aretxabaleta y su esposa Miren Txintxurreta. Fue un mazazo para la colectividad vasca”. En aquel desastre, además, el ilustrador de referencia del Gobierno vasco durante la guerra y el franquismo, Luciano Quintana ‘NIK’, perdió la mayor parte de su obra y, por ello, entró en un estado de tristeza crónica.
Otra figura memorialista fue la elorriarra Mari Cruz Díez, fallecida el 1 de enero de 2023 a los longevos 105 años y superviviente del bombardeo contra Durango de 1937. Su nieta, Maite Alberro, también atiende a DEIA. Esta técnica de comercio exterior se encontraba merendando con unas amigas en Los Palos Grandes, una zona caraqueña conocida, explica, por asentarse sobre un subsuelo vulnerable a la actividad sísmica.
La cuadrilla estaba reunida en el Aurora Café, una vivienda acondicionada como establecimiento hostelero. “Yo empecé a sentir el temblor y volteé a ver a mi amiga por si era ella moviendo las piernas ya que estábamos sentadas sobre el mismo sofá”, recuerda. Junto a ellas había otras dos amigas sentadas enfrente. “Nos dijimos al mismo tiempo: ‘está temblando...’”.
En un primer momento pensaron que la sacudida cesaría enseguida, pero la situación fue agravándose. “Cuando continuó y se empezaron a mover las lámparas y las ventanas nos paramos rápidamente hacia el baño, que lo teníamos muy cerca, y como sentíamos que seguía con intensidad salimos por completo del local a la calle”, relata. Para entonces, numerosos vecinos y clientes de los restaurantes cercanos habían abandonado también los edificios y establecimientos de la zona.
Desde la calle comenzaron a observar los primeros daños. “Los residentes de la zona habían desalojado sus edificios, ya que la mayoría son bastante altos, y empezamos a ver los daños en las fachadas”, explica. Permanecieron un tiempo en el exterior mientras seguían registrándose réplicas. “Cuando nos sentimos un poco seguras, agarramos los carros y cada una llegó a su casa”.
Alberro permaneció aislada durante parte de la jornada. “Me quedé incomunicada hasta llegar a casa, que logré conectarme a wifi, ver la televisión y las redes para enterarme de la magnitud”, apostilla. Durante el trayecto observó edificaciones con daños de consideración y plazas llenas de personas que habían abandonado sus viviendas por precaución.
Según su relato, algunas de las zonas más afectadas de Caracas fueron Los Palos Grandes, Altamira, Sebucán y San Bernardino. El estado de La Guaira, en la costa y donde se encuentra el aeropuerto internacional, sufrió también importantes consecuencias. “Ahí vive una amiga que no sé en qué condiciones está ni he logrado tener comunicación”, lamenta quien durante la jornada siguiente a los seísmos ha decidido no salir de su casa.
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