cincuenta y cinco años después de su último trayecto, el Irati regresó ayer a Huarte. El "carismático" tren, como lo recordó la vecina Mari Cruz Ayerra, atravesó una vez más las calles de la localidad. El vehículo, de 2,15 metros de alto, 1,37 metros de ancho y que superaba los cinco metros de largo, era una recreación realizada por los huartearras Luis Mari Irigoyen y Javier Campos, a petición de Andre Mari. Este año la asociación de mujeres decidió que sus disfraces versaran sobre el medio de transporte que acercó Huarte, Villava y Burlada a Pamplona entre los años 1911 y 1955. Ataviadas de mujeres elegantes, hortelanas, vendedoras, jefe de estación o maquinistas, se echaron a la calle para anunciar la llegada del mítico ferrocarril.
La presidenta de Andre Mari, Remei Font, explicó que "el martes de fiestas es baile de disfraces. Cada cuadrilla prepara un tema y este año nosotras elegimos hacer el tren y vestirnos de la época. Como conocíamos a Luis Mari, que es un poco manitas, le pedimos que hiciera un lateral del ferrocarril, pero cuando fuimos a verlo nos sorprendió con un tren de cinco metros por dos y medio". Para hacer el vehículo, Luis Mari Irigoyen y Javier Campos echaron mano de fotos antiguas y de su propia memoria. "No soy carpintero, lo he hecho lo más parecido que he podido", afirmó Irigoyen, que ha ejercido "toda la vida" de delineante proyectista y ayudante de arquitecto. Como apasionado de su pueblo, Irigoyen dijo que "el tranvía para mí era una cosa entrañable. Yo y todos los que lo hemos conocido tenemos un recuerdo fantástico". Asimismo, Javier Campos, que ha sido taxista durante más de cuarenta años, manifestó que realizar este proyecto le ha producido "una ilusión bárbara".
Durante dos meses han trabajado a diario para conseguir la forma del Irati utilizando para ello madera y tablets (especie de cartón prensado). Tanto tiempo invirtieron en la obra que Irigoyen bromea diciendo que ha "estado a punto de divorciarse".
viajes a pamplona
Entre estudiantes y hortelanas
Ambos rememoran los viajes que realizaban cuando eran jóvenes en el ferrocarril: "Entonces íbamos a estudiar al colegio a Pamplona un grupo de Huarte, otro de Villava, otro de Burlada y armábamos la revolución en el tranvía y siempre alguno se escaqueaba para no pagar los 70 céntimos que costaba el viaje", apuntó Irigoyen, que añadió que como Huarte era una localidad que "vivía casi todo de la huerta, las mujeres iban a vender la verdura a la plaza", en Pamplona. Los productos los llevaban en grandes carros, pero las huartearras "iban en el tranvía con unas cesticas que llamábamos zare y en ellas portaban las menudencias, cosicas elegidas y encargos". Recordaron también cuando las vías se helaban en la cuesta de Beloso y el tren tenía que retroceder hasta Burlada "para coger carrerilla, con gran regocijo de los estudiantes y el enfado de las mujeres que iban a vender", ya que tenían la competencia de las verduleras de la Magdalena.
Anécdotas como éstas volvieron a salir a la luz ayer, cuando el Irati circuló de nuevo por este municipio. Andre Mari ha planteado al Ayuntamiento que se instale la recreación en algún lugar, "siempre y cuando se responsabilicen de que todas las medidas de seguridad se cumplan para que no haya un accidente", algo en lo que incidieron los creadores. Remei Font propuso colocarlo en un cubierto de las escuelas viejas, cerca de la bebeteca y la ludoteca, para que no se estropee, los niños puedan disfrutarlo y también para que se les explique su historia, una historia muy ligada a Huarte. No obstante, Campos recordó que el Irati "pasaba por delante de mi casa y me dio mucha pena cuando desapareció".
Una pena que ayer fue sustituida por la alegría que desplegaron las mujeres de Andre Mari por las calles de Huarte, primero cuando salieron sobre las 20.30 horas, para que los niños pudieran ver el ferrocarril y disfrazarse también, y después por la noche, en la cena de mujeres, el posterior baile y el concurso de disfraces en la plaza San Juan, que organiza la Asociación de Comerciantes de Huarte.