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Tengo un SMS para ustedes

Tengo un SMS para ustedes

desde hace unos diez días soy otra. Mi vida ha cambiado para siempre. Que me lo noto, vamos. Empezó todo con el encendido de las luces de Navidad, que me pilló de paso por Herrerías cuando una marabunta se pasaba por el arco de triunfo el espíritu navideño para conseguir, a codazo limpio con el prójimo, un vaso de chocolate y unas pastas, que es lo que repartió el Ayuntamiento debajo de un árbol muy alto, al estilo del que se gastan en el jardín Obama y familia. El caso es que me sacudió un meneo el calendario y me dije: Coño, Nieves, si ya estamos en Nochebuena, como quién dice. Yo, que tengo la desgracia de que ni las luces, ni los belenes, ni los arbolicos, ni los anuncios de niños hambrientos, ni los calendarios benéficos con bomberos en pelotas, ni Raphael (con o sin h) cantando El tamborilero, ni los discos de villancicos, ni, ni, ni...me pongan el vello de punta...Pues eso, que me frustré viva. Y me dije (sí, volví a decirme algo porque yo me hablo mucho sola): Chica, cómprate un móvil nuevo, que en nombre de este tinglao del niño, la burra y el portal, están las compañías que lo tiran. Teniendo en cuenta que el último que me compré va a pedales y todavía no sé manejarlo, vi la ocasión perfecta para que me engullera el consumismo y empatizar con la peña. Total, que ya eran las tantas de la noche y estaba todo cerrado, así que me fui para casa y llamé a uno de esos números gratuitos a los que contestan "al habla Wilson, buenas tardes, bienvenida a Orangfonviestar, en qué puedo atenderle". Lo que pasa es que antes de eso, tuve que establecer una conversación con una máquina que, una de dos, o es semi-humana o es humana del todo, pero vacilona, y se hace pasar por un contestador. Sea como sea, la jodía me sacó de mis casillas y me encontré dando vueltas por el salón, como un tigre enjaulado, pegándole gritos al aparato. Que ni en las más gloriosas peloteras con el novio, me he visto en una igual. Luego ya, se puso Wilson. Qué gran tipo, el Wilson. Tres cuartos de hora estuvimos dale que te pego al Nokia, a la tarifa plana, al programa de puntos, al paquete de mensajes, a los números fijos, a los móviles, al blutú, al GPS, al vídeo, a los megapixeles y a la madre que parió al que inventó el cacharro con el que me voy a gastar una pasta deseando felices fiestas. Qué guay, ya me siento mejor.