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La magia, a pie de calle

Melchor, Gaspar y Baltasar acudieron puntuales a su cita con los pamploneses en la Cabalgata

La magia, a pie de callePatxi Cascante

Pamplona. Al grito de "Melchor" y bajo una intensa lluvia de caramelos, la cara de Miriam, María y sobre todo la de los pequeños Dani, Álex y Aroa se iluminó. Estos tres últimos, agarrados bien fuerte a las vallas que impedían el acceso a la calzada de la plaza de los Fueros de Pamplona, por fin veían a su rey, el primero de las tres majestades. Eran cerca de las 20.00 horas y suponía el colofón a una larga tarde de espera en primera línea para poder gritar bien fuerte el nombre de los Reyes Magos y que estos les vieran, se quedaran con sus caras y les llevaran, horas después, mientras dormían, todo aquello que habían pedido en sus cartas.

La aventura había empezado más de dos horas antes, cuando cerca de las 18.00 horas las hermanas María y Aroa Eito Díaz, de 10 y 6 años respectivamente, ocuparon junto a sus padres y en compañía de los hermanos Miriam (11 años), Álex (7 años) y Dani Martín Cruz (4 años), y la madre de estos, la primera fila en uno de los jardines de la plaza de los Fueros. El nerviosismo era patente y aunque ya habían estado en la jubilosa llegada de Sus Majestades en el Portal de Francia, no querían perderse los fastos del recorrido a través de las calles más céntricas de la ciudad. "Queremos ver la Cabalgata y, aunque nuestro rey preferido es Melchor la vamos a ver entera, porque si no no tiene gracia", señalaba María mientras se movía nerviosa. "Melchor es el mejor, no hay quien le gane", añadía su amiga Miriam.

Los más pequeños no querían perderse ningún detalle y, aunque todavía faltaba mucho para que La Pamplonesa, que encabezaba la comitiva, apareciera por la plaza, no se despegaban de la valla de protección y tan solo se levantaban del bordillo para incordiarse unos a otros. El primer estruendo, procedente de la Ciudadela, seguido de una luz roja, hizo ponerse a los niños y a sus padres en alerta. Era el primero de los tres avisos y eso solo podía significar una cosa: ya faltaba poco para que el desfile comenzara desde el colegio Santa Catalina, en la calle Abejeras.

Estruendo y luz verde

Resuenan los primeros timbales

El primero de los avisos no hizo sino aumentar el nerviosismo entre las familias y, poco a poco, las cuartas y quintas filas empezaban a estar muy cotizadas. Desde las ventanas de la Casa de Misericordia y en las escaleras exteriores, internos y familiares se apelotonaban para tener una visión privilegiada de la Cabalgata. Tras el segundo aviso, un cohete na-ranja, llegó el definitivo, y la luz verde dio inició a una traca pirotécnica digna de las noches sanfermineras. No era para menos. Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente habían salido del patio de colegio y recorrían las calles de la capital, que go-zaba de una agradable temperatura.

El sonido de las trompas, trombones, platillos y bombos de La Pamplonesa indicaba que la fiesta estaba a punto de llegar. El primero de los 24 grupos hizo su aparición entonando villancicos y bien arropado por los aplausos de los ansiosos espectadores. Los estandartes, cornetas, caballistas, emisarios reales, la banda de tambores y los buzones reales desfilaron mientras repartían a diestro y siniestro puñados de caramelos, los bienes más preciados.

Las familias Martín-Cruz y Eito-Díaz, ante la avalancha de dulces -se repartieron alrededor de 3.000 kilogramos-, no dudaron en sacar bolsas de plástico para poder recolectarlos con más facilidad y portarlos sin que los bolsillos quedasen desbordados. Las dromedarias reales -que se dejaron acariciar- precedían a la carroza del Belén, en cuyo interior se encontraba también la Coral Erreniega. Los paquetes que portaban los animales no eran los únicos que pudieron verse en el recorrido, ya que varias decenas de globos elevaban por los aires regalos listos para ser dejados debajo del pino de Navidad. Los Magos de Navarra fueron otro de los mayores atractivos, ya que repartieron divertidas figuras confeccionadas con globos.

La fábrica de juguetes no paraba de echar humor por las chimeneas y consiguió despertar la atención de los allí presentes por si conseguían distinguir alguno de sus regalos. "Yo he pedido la Boutique de Nenuco, Gatita caricias y Gogo mi perrito paseos. Espero que me los traigan", comentaba Aroa. Los chicos se mantenían fieles a los productos tradicionales como un circuito de coches, mientras que María confesaba haber pedido ropa. Miriam esperaba encontrar "varios juegos" cuando se levantara hoy de la cama.

Llegan los tres magos

Gritos y brazos en alto para recibir a Sus Majestades

La labor que había tenido entretenidos a pequeños y mayores durante gran parte de la Cabalgata quedó olvidada de repente y los caramelos pasaron a ser secundarios. Después de ver pasar el furgón de los roscos, las escaleras con las que los Reyes Magos ascienden por las fachadas, los abanderados italianos y varias bailarinas orientales, los gritos y los saludos indicaron que el primero de los protagonistas, Melchor, estaba al caer. La gran cantidad de dulces que llovían sobre sus cabezas no parecía importarles y tan solo tenían ojos para su rey. Con su barba blanca y ataviado con la ya tradicional capa azul no defraudó y lanzó un saludo dirigido hacia las familias. La espera había merecido la pena.

Gaspar, montado en un cisne blanco, hizo también su aparición a la vez que era aclamado por cientos de niños y niñas. Sus pajes repartieron golosinas sin parar y se acercaron a saludar a los ansiosos espectadores. Tras él, Baltasar se asomaba sobre un tigre haciendo peligrar su integridad al quedar suspendido, como por arte de magia, de una barandilla. Los magos de fuego y los Bomberos de Navarra cerraban la comitiva mientras los pequeños hacían balance de lo vivido y se escabullían entre el vallado para recoger los caramelos olvidados e ir a casa con el preciado botín, a la espera de despertar hoy junto a decenas de regalos.