En el número 29 de la calle La Rúa de Estella-Lizarra, en pleno Camino de Santiago, se yergue desde hace cuatro siglos el flamante Palacio del Gobernador, reformado recientemente para albergar el Museo del Carlismo. En estos 400 años el edificio ha tenido usos muy distintos al margen del residencial y en torno a él hay todavía algunas incógnitas y teorías, incluida la de su nombre.
Dice la historia -recogida en forma de resumen en la exposición que alberga en su semisótano el propio Museo-, que el palacio tardó en levantarse seis años, de 1608 a 1613, por iniciativa del estellés Juan de Echávarri y Larráin, barón de Purroy. Lo hizo seguramente como "símbolo de su poder económico y social" en una época (siglos XVI y XVII) en la que "el potencial mercantil de Estella era superior al de cualquier otra ciudad de Navarra".
La estructura es un ejemplo singular de la arquitectura civil de la época, destacando sus proporciones y su ordenada composición arquitectónica. Dispone de dos plantas y un semisótano cubierto por bóvedas de ladrillo, y se organiza en torno a un patio interior de dos pisos con triples arquerías sobre columnas de orden dórico. Ya en el exterior -se detalla- las fachadas, vanos, cadenas y cornisas de sillar siguen los cánones de la arquitectura palaciega de los Austrias, con grandes ventanas y balcones que incluyen dinteles y rejería. Mientras, el portalón es de grandes dimensiones y sobre él figura un balcón volado coronado por tres escudos y la fecha de 1613, cuando se acabó de construir.
Según está acreditado, para poder levantar el palacio se utilizó gran cantidad de piedra del derruido castillo de la ciudad, aunque también se trasladó material desde el Valle de Yerri, concretamente desde Azcona.
Aunque se desconoce con exactitud quién fue el autor del proyecto, las características formales del edificio, similar a los gustos de la Cortes de los Austrias, hacen pensar que fue el arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora. Y es que, además, se sabe que Echávarri tuvo una estrecha relación con el valido de Felipe III, el duque de Lerma, y el propio rey le nombró barón de Purroy.
Uno de los aspectos más curiosos del palacio son los emblemas y elementos decorativos, tal y como se explica en la exposición tomando como referencia una detallada publicación de Mikel Ramos. Estos "fueron cuidadosamente escogidos por su propietario, ya que su casa era la mejor carta de presentación social". Destaca sobre todo el que se encuentra sobre el balcón central de la fachada. Sobre un bloque de piedra arenisca, además de la fecha, están tallados no sólo el escudo de los Echávarri, sino también el de su hijo y el de su esposa, con parentesco real.
comprado en 1998 El edificio perteneció a la casa de los Echávarri hasta 1880. A partir de ahí fue cambiando de manos, utilizándose como secadero de pieles o incluso como taller mecánico. Sus últimos propietarios fueron los hermanos Ganuza Pegenaute, a quien el Ayuntamiento se lo compró en 1998 en estado casi ruinoso. Según se recogía en la prensa por entonces, se realizó una permuta por unos aprovechamientos urbanísticos valorados en casi 35 millones de pesetas (210.000 euros). Poco después se cedería al Gobierno foral para la construcción del actual museo, aunque no mucho tiempo atrás se pensó en habilitar en el inmueble un Museo del Camino de Santiago e, incluso, se convocó un concurso de ideas para destinarlo a hotel.
El origen de su nombre no está claro, ya que ha quedado acreditado en el Registro de la Propiedad que hasta el año 2000 no figuraba con ese nombre. Algunas hipótesis sostienen que puede deberse a que entre 1872 y 1875 podría haber servido de residencia al gobernador militar en la plaza de Estella durante el Gobierno carlista. Sea como fuera, ese es el nombre con el que popularmente se le conoce.
la restauración Cuando hace 15 años se adquirió el edificio, este estaba en "un estado lamentable", según un informe técnico municipal, aunque tras las obras ha recuperado su apariencia original. Llevaba 30 años sin cubrición de teja y su uso como secadero de pieles y taller había producido graves daños a la estructura.
La restauración, realizada poco a poco entre 2000 y 2009, tuvo un coste de 5,3 millones de euros para el Ejecutivo foral y la realizó Construcciones Zubillaga bajo la dirección de obra de José Luis Franchez como arquitecto y de Alicia Huarte como aparejadora.
En la primera fase se realizaron las obras de consolidación estructural del inmueble y la restauración de la fachada, además de demoler la nave industrial que había anexa. Después, se levantó el nuevo edificio de servicios (donde se encuentran las oficinas), se adecuó el interior del palacio y se urbanizó el patio exterior, además de colocar una bóveda acristalada. A principios de 2010, en marzo, el Museo de Carlismo era por fin una realidad gracias a los fondos aportados por el Partido Carlista, Gobierno de Navarra, varias instituciones y donaciones particulares. Y el Palacio del Gobernador volvía a tener el lustre de hace cuatro siglos.