Ha llegado a juicio la herencia millonaria cifrada en torno a 14 millones de euros que rodea a la figura de un destacado empresario leonés, Antonio Fernández Díaz, que murió víctima de cáncer en 2021 a los 90 años, estaba soltero y que habría adquirido la vecindad civil navarra para evitar que su jugoso patrimonio recalara en un hijo que tuvo fruto de una relación clandestina. Dicho hijo es un empresario de Eibar (Gipuzkoa) de 51 años que puso el caso en manos del abogado Fernando Osuna, habitual en este tipo de casos de reclamación de herencias a famosos como la de Julio Iglesias o El Cordobés.

Primero, quiso demostrar su parentesco y relación directa de filiación con Fernández, que era dueño de una famosa flota de autobuses en León y así hizo dinero a espuertas. La batalla legal para que se le reconociera como hijo se inició hace más de una década y finalmente se declaró por parte del Tribunal Supremo que Antonio Fernández era padre del demandante ya que el análisis de ADN arrojó un resultado determinante, puesto que la probabilidad de que fueran padre e hijo era del 99,9999%.

Adquirió un pequeño piso en Pamplona y vivía en una lujosa mansión en Madrid

Una vez que la filiación había sido resuelta, a pesar de que el leonés nunca reconoció a su hijo, no todo estaba acabado. Ni mucho menos. Fernández firmó una herencia en la que entregaba sus bienes a diversas instituciones religiosas de León y Zamora, al oftalmólogo ovetense Luis Fernández-Vega o al chófer del empresario y el albacea, Ricardo de Guindos, según Heraldo de León. El asunto crucial es que antes de formalizar dicho documento sucesorio, el millonario empresario había adquirido la vecindad civil navarra como artimaña para evitar que su hijo clandestino le reclamara ninguna cantidad. Eso es lo que opina al menos Osuna en la defensa del guipuzcoano, puesto que entiende que se trató de una maniobra para desheredarle el hecho de adquirir un piso de reducidas dimensiones, de apenas 60 metros cuadrados, en un barrio obrero de Pamplona y a bajo coste en sus últimos años de vida. De esta forma, la adquisición de ese pequeño inmueble le sirvió para adquirir la vecindad foral y que de esta forma, a su muerte, se aplicara el Derecho Foral navarro que permite designar libremente a los herederos y excluir a un hijo de la herencia.

La defensa sostiene que el leonés nunca vivió en la capital navarra, sino que lo hacía en una lujosa vivienda en Madrid y conducía coches de alta gama. De hecho, contrató a detectives para demostrar que nunca había estado en el piso de Pamplona.

Este jueves, en un juzgado de Madrid, esta disputada herencia llegó a juicio, porque el demandante pretende que se anule dicha vecindad, se declare como fraude y, por tanto, se aplique en la herencia la legislación civil ordinaria, mucho más favorable en este caso para el hijo.

Mientras, los cuantiosos bienes que en la misma entran en juego están bloqueados en el órgano judicial. Se relata que el empresario leonés contaba con una mansión de 400 metros cuadrados en Madrid, cuentas en Suiza, acciones de empresas y una finca para la caza en León, de unas 200 hectáreas de extensión y que es investigada por el Seprona por indicios de abandono de animales tras la muerte del propietario.