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Plaza de la Fruta, 1864

Plaza de la Fruta, 1864

En 1864 el Ayuntamiento de Pamplona estaba regido por Valentín María Jáuregui, personalidad que ocupó la alcaldía entre 1863 y 1867. Por aquel tiempo era Isabel II quien se sentaba en el trono español, y su gobierno protagonizó el suceso más reseñable de aquel año 1864 cuando, a causa de un ridículo incidente, inició la llamada Guerra del Pacífico. El decrépito imperio, aquejado de un tardío acceso de soberbia, llegó a enfrentarse a Perú, Chile, Ecuador y Bolivia. Nada menos.

En aquella época la actual plaza Consistorial era conocida como plaza de la Fruta, y en este sentido la imagen tiene un valor documental enorme puesto que, además de ser la más antigua que se conserva del lugar, es la única en la que pueden verse los puestos del mercado de frutas. Este hecho justifica por sí mismo que publiquemos la antiquísima foto, a pesar de su calidad deficiente y de su mal estado de conservación. Pueden verse muy bien, a pie de calle, los toldos alargados de los puestos, aunque la multitud que se mueve entre ellos tan solo se adivina.

Hoy en día la casa consistorial guarda la misma apariencia que ha tenido en sus 259 años de existencia, aunque no se trata sino de una especie de decorado teatral, puesto que el edificio propiamente dicho fue reedificado en 1951, conservándose tan solo la fachada. Sabemos también que la plaza dejó de ser utilizada como mercado de frutas el 21 de diciembre de 1864, hecho en el que se apoyó J.J. Arazuri para dar una fecha ante quem a la foto. Y tan solo dos años después, el 27 de junio de 1866, se cambiaría su viejo nombre por el de plaza Consistorial, modo en el que ha llegado a la actualidad.

En cuanto a los consistorios, qué les voy a contar. Las alcaldías de Barcina y Maya han de pasar a la historia de las más negras infamias de la ciudad. Nos están demostrando, día a día, que han gobernado la ciudad como si de su particular cortijo se tratase, a base de alcaldadas, componendas, oscuros privilegios, dietas opacas y vete tú a saber qué chanchullos más. Así las cosas, más vale que don Valentín María Jáuregui no levante la cabeza...