Hola personas, en otros tiempos hubiese empezado este ERP con aquellas frases llenas de pompa y circunstancia de ¡¡¡…suenen trompas y timbales, repiquen campanas y campanillas, dancen todos a mi son!!
Este, que ahora leéis, hace el número 400 de los paseos que este pobre escribidor os ha ido trayendo, domingo a domingo, para que le acompañéis por las calles, rincones, vericuetos, personajes y sucedidos de nuestro querido Pamplona. Y no solo es eso, no, ya que está semana, por añadidura, el día 27 yo y el 28 él, D. Patricio y yo hemos dado una vuelta completa al sol, para llegar de nuevo al punto de partida, pero un año más viejos. Lo cual también hubiese sido motivo de frases como, muchas felicidades, gracias, gracias, muchas gracias, por muchos años, y tú que lo veas, muchas gracias, pues chico estás igual que siempre, tú ¿le has vendido el alma al diablo?, jajaja, no, pero si la quiere le hago precio, jajaja y tal y tal y tal. Pues, no, no diré todas esas banalidades, porque aun siendo todo cierto, en esta ocasión, tal y como están las cosas, con haber llegado ya nos damos por satisfechos, no hace falta el derroche. Todo será necesario.
Bien, superados los fastos de celebración vamos al turrón.
Va a ser cajón de sastre este 400, primero diré como dijo Pepe Isbert: lectores del Rincón del Paseante, como escritor vuestro que soy, os debo una explicación y esa explicación que os debo os la tengo que dar, porque cómo escritor vuestro que soy… Saldré solo, ya que, a mi lado, no tengo a Manolo Morán, estará con Isbert haciendo reír a los muertos en el más allá. Bueno pues la explicación es que estaba ingresado en el hospital. Jodido, con la ciática de fiesta, disfrutando por toda mi pierna. Ha sido el paso por el hospital más extraño de todos los que, por desgracia, he tenido. El trato bueno, las enfermeras y auxiliares, bien, como siempre, amables y cariñosas, unas más, otras menos, y otras nada de nada, no nos engañemos, bordes hay en todos lados. Si todo el conjunto de personas, que atienden a los dolientes allí ingresados, fuesen un poco menos ruidosas, quizá sería de agradecer, pero, bueno, repito que en general bien. La parte extraña de este ingreso la ha protagonizado mi compañero de habitación. Cuando llegué era tarde y él ya estaba en la cama, saludé con un “buenas noches” y el silencio fue su respuesta, bueno, pensé, un tío callado, pues casi mejor. Llegó el día siguiente y nuestras palabras fueron cero, llegó la noche y una pequeña fricción hizo que saltasen las chispas y que aquello explotase, insultos, faltadas, levantada de voz a nivel 10, el follón fue de tal calibre que aparecieron las enfermeras a poner orden. Como remate final me dijo: a mí no me dirijas la palabra en tu puta vida. Y así fue, he vivido 4 días con un tío que estaba, pero no estaba, he estado muy tranquilo, nadie me ha dado la matraca, ni me ha contado su vida, ni nada de nada, que, con mi dolor de pata, estaba yo para aguantar. Desde aquí, no sé si lo leerá, se llamaba Daniel y era de la Txan, no sé más, quiero agradecerle la decisión que tomó de hacer un pacto de silencio. Y también desde aquí le deseo, de verdad, una pronta recuperación, lo cortés no quita lo valiente. Me encantan los refranes.
El día 26 víspera de mis celebraciones, me soltaron. Como segunda parte de este ERP, vamos a ver como pasé el día de mi cumple que, en una de sus partes algo tiene que ver con el espíritu de esta sección.
Empecé el día sentado a la mesa de mi ordenador respondiendo amables mensajes de felicitación y entre uno y otro tomé papel y boli y esbocé un poco lo que ahora veis. Luego fui al mercado a comprar algún comestible y a dejarme regalar los oídos con unos cuantos “felicidades” que me dedicaban la pescatera, la verdulera, la de los jamones y alguna otra de las encantadoras chicas que atienden en el mercado, desde aquí un saludo para ellas que sé que me leen. Creo que también hay algún tío.
Llegado ya el mediodía me acerqué a La Fogoneta, un bar del que me han hablado muy bien, y me reuní con media docena de amigos con quienes brindé a mi salud, que es poca y enclenque.
Hicimos una risas y, sin moverme de sitio, recibí a los dos comensales con quienes iba a compartir mesa y mantel en este señalado día y, para mí, comer con ellos ha sido un regalo de cumpleaños en soporte efímero pero soporte de vida, comí nada más y nada menos que con el Dr. D. Juan Jose Martinena, historiador, miembro de la corte de San Fermín, ex archivero del Reyno, diversas distinciones locales, Académico correspondiente de la Real de la Historia, colaborador en varios medios, autor de un montón de libros de temática pamplonesa y fuente indispensable para quien quiera beber en la historia de esta ciudad. Y además persona llana, generosa y amable que siempre está dispuesto a poner su conocimiento en manos de quién se lo demande.
El otro comensal era Josemi Albizu, escritor que tiene en las estanterías dos obras El latido de los tres burgos, que leí entretenido, y A la luz de las antorchas, que aun no ha caído en mis manos, de temática medieval pamplonesa.
Sus protagonistas van de la puerta Galea a la Torre Redonda, o transitaban por la belena para pasar de la Pellejería del Burgo a las Tecenderías, lugares que recorren con peligro y sigilo, Albizu mueve a sus personajes por calles y rincones que todos recorremos, pero en un mundo medieval peligroso y contagioso. El otro día iba yo por Lindatxikía y me di la vuelta porque creí haber oído el desenvainar de un acero. Personajes turbios y malos, contra navarros nobles y buenos, que llevan las de ganar, pero que los otros se lo ponen difícil. Todos los componentes nos dan un importante paseo por la Pamplona de Carlos II el Malo.
Como podéis imaginar en esa mesa de lo más cercano que se habló fue de la muerte de Franco. Salió todo a la palestra, personajes que recordábamos, cines, tiendas, el carbonero con su saco y su pollino, la tienda de chuches que nos endulzó la infancia, la mía era Perpe, sin duda, el lechero con el tintineante carro, y de la conquista de 1512 y de la de 1521, de cómo actuaban los virreyes y de cuál fue el peor. Y hablamos de la condición mitológica de San Fermín, Martinena entona un vade retro y dice que me voy a condenar por impío. En Pamplona negar la existencia del Santo tiene categoría de arrianismo. Fue una comida memorable. Repetiremos.
Por la tarde salí de casa y estrené un regalo que la Pastorcilla me ha hecho, ya no desanclaré más bicis municipales, tengo mi joven y veloz corcel al que voy a sacar chispas. Para estrenarlo fui de paseo nocturno por la orilla del río y disfruté de mi nuevo año con mi nueva bici por caminos antiguos.
¿Años a mí?, vengan, vengan.
Besos pa tos
Facebook : Patricio Martínez de Udobro
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