Con la calle ya a oscuras, una multitud esperaba ansiosa para presenciar, un año más, la quema de Miel Otxin. Pero antes, el pueblo sometió a escarnio al vil ladrón y lo obligó, como es tradición, a pasear por los callejones de Lantz para que todos pudieran ver cómo se dirigía, humillado y sin alternativas, hacia su irremediable final. Mientras los txatxos empuñaban sus escobas con las caras bien tapadas, Zaldiko, mediante saltos y coces, intentaba derribar a Ziripot, un hombre fornido y torpón, responsable de la captura de su dueño –Miel Otxin–, con esperanzas de librar a su amo de la muerte.
Zaldiko, un ser de apariencia estancada entre el hombre y el caballo, libra una exhaustiva batalla anual en los carnavales de Lantz por salvar a Miel Otxin, después de que este sea capturado en el monte como castigo por sus innumerables atracos. Durante el camino a la quema, empuja a los txatxos para abrirse paso, lucha contra Ziripot y huye de los Arotzak, que tratan de herrarlo, domesticarlo y, en definitiva, hacerlo útil para el pueblo. Luis Mariñelarena, un vecino del municipio que lleva alrededor de 25 años encarnando este personaje –y que este año lo volvía a interpretar– dice que Zaldiko representa “una rebelión continua”.
Sin embargo, y a pesar de su importancia histórica en esta festividad, el intérprete de Zaldiko “no se elige”. Más bien, es la suerte quien decide. Cuando era pequeño, uno de los mayordomos le dijo a Luis: “De mayor, tú, Zaldiko”. Entonces, comenzó a ilusionarse con la idea y a analizar e interiorizar su comportamiento, año tras año, hasta que, en 1996, Esteban le pasó el testigo. “Él me explicó cómo actuar para no hacerme daño y no hacérselo a los demás”, recuerda, porque, al fin y al cabo, el disfraz está conformado por una estructura de madera que puede dejar a su paso algún que otro moratón. Igualmente, durante la batalla, “hay que intentar que Ziripot caiga de espaldas”, insiste Luis, para que la paja de su traje amortigüe el golpe.
Como buen caballo, Zaldiko se pasó el martes de carnaval brincando y galopando por el pueblo, así que, aunque no hay un entrenamiento concreto a seguir para encarnar este personaje, “conviene mantenerse en forma para estar a la altura”, admite Luis. Del mismo modo, su intérprete no debe olvidarse de tener en cuenta las condiciones del pavimento. Ayer, por suerte, la lluvia respetó las festividades, pero el lunes “el centro de la calle era una regata así que había que pisar en los laterales y medir mucho las zancadas”.
Leche frita para el pueblo
Existen tradiciones que todavía no están escritas en la historia, pero que ya son una parte imprescindible de las celebraciones. El hogar de Mari Carmen Saralegui lleva más de medio siglo convertido en una parada obligatoria para muchos durante el martes de carnaval de Lantz. Mari Carmen aprendió a hacer leche frita gracias a su tía, que era cocinera, “hace ni sé cuántos años”, y empezó a cocinarla porque sabía que era uno de los postres favoritos de un vecino que “tras quedarse solo, convivía con nosotros”, cuenta la mujer.
Comenzaron a acercarse a su casa para disfrutar de la leche frita sus hijos, y después, sus nietos. Conforme pasaban los años, el hogar de Mari Carmen acogía, cada vez, a más gente que subía a disfrutar de su leche frita y a saludarla y llevarle a casa el jolgorio y la alegría del carnaval. Ahora, cuando la comida popular termina, Mari Carmen aguarda pacientemente con varias bandejas de leche frita para todo aquel que quiera recargar las pilas para la quema de Miel Otxin porque, como ella misma dice, “aquí todos son bien recibidos”.