El Carnaval Txiki de Lantz ha llenado este domingo las calles del pueblo con una ilusión que, lejos de ser menor por tratarse de la versión infantil, se siente “tanto o más que la del lunes y martes”, como ha subrayado la alcaldesa Isabel Baleztena.

La jornada ha contado con un Miel Otxin más pequeño como única diferencia visible, pero mantiene intacta la esencia de una de las celebraciones más populares y reconocibles de Navarra, una tradición que hunde sus raíces en antiguos rituales comunitarios.

Cientos de personas –la mayoría familias con niños pequeños– se han acercado desde primera hora de la mañana a la posada de Lantz para disfrutar del ‘ritual’ de Ziripot, el primer espectáculo que ha ofrecido la jornada y que ha dado el pistoletazo de salida a las 12.30 horas. En esta ocasión, el encargado de encarnarlo ha sido Iker Ciganda, lantztar de 19 años, que ha asumido el papel casi por sorpresa.

Iker Ciganda, lantztar, se viste de Ziripot. Iban Aguinaga

“He llegado y me han dicho a ver si podía hacer de Ziripot porque no había otro”, ha relatado con naturalidad en su debut. Lejos de mostrarse nervioso, ha confesado estar “tranquilo y entusiasmado”. Pablo Urrutia, que ha ayudado en la preparación antes de salir, ha insistido en que lo importante es que todo quede “bien apretado y acolchado, sobre todo en la espalda, porque después cae de espaldas”. Además, el lanztar ha calculado que el traje puede llevar unos 20 kilos de paja de helecho.

“Esto se empieza a preparar mucho antes de lo que parece”, ha explicado Baleztena, recordando que incluso el helecho con el que se rellena a Ziripot se corta en primavera para que esté en las condiciones adecuadas cuando llega el carnaval.

Varios txatxos esperan el inicio de la jornada en lo alto de la posada vestidos con sus ropas floridas. Iban Aguinaga

La logística, aunque parezca sencilla, es fruto de un trabajo colectivo que atraviesa generaciones. Esa dimensión comunitaria la ha destacado también Javier Eugui, vecino del pueblo. “Hay familias en Lantz que se centran en esto y los papeles se van heredando”, ha explicado.

Los nervios y la ilusión se ha concentrado a las puertas de la posada. Las miradas impacientes se han clavado en el portón mientras crecía la expectación. Diez minutos antes, a las 13.20 horas, los arotzak (herreros) ya han advertido de que el carnaval estaba a punto de ponerse en marcha.

Los arotzak (herreros) presiden la kalejira. Iban Aguinaga

Ziripot ha sido el primero en atravesar la entrada, seguido por los txatxos y, finalmente, Miel Otxin, que han liderado una kalejira por las calles del pueblo, al ritmo del acordeón, y el espectáculo ha culminado en la Plaza del Frontón.

Allí, los txatxos, rabiosos, han rodeado a Miel Otxin y han ejecutado el tradicional Zortziko, repitiendo una danza que marca el ritmo del carnaval. Tras el juicio público, Miel Otxin ha recibido una breve tregua. Pero solo hasta la tarde, cuando su destino será inevitable y el fuego pondrá el punto final a la jornada, como manda la tradición.

Los txatxos bailan el Zortziko en la Plaza del Frontón. Iban Aguinaga

El Carnaval Txiki es, para muchos, una puerta de entrada a este universo festivo. “Es precioso ver cómo se les ilumina la cara a los txikis”, ha declarado Eugui. “Nos juntamos todos, se hace un ambiente bonito entre nosotros”, ha añadido Urrutia, consciente de que este día no es menos auténtico, sino otra manera de vivir la misma tradición que, año tras año, llena de color y magia las calles de Lantz.