Marijose Oraa Ezker tiene entre sus manos la reedición de Células caprichosas, publicado en 2010, el testimonio valiente de esta olaztiarra que fue diagnosticada de cáncer de mama tres años antes, un libro honesto, emocional y profundamente humano que retrata el proceso de una mujer que apostó por la vida, incluso cuando algunas de sus células se empeñaban en lo contrario. Ahora, con la mirada de la supervivencia, el aprendizaje y el compromiso, ha ampliado el contenido con dos nuevos capítulos y un epílogo.
“Es un libro muy sobado, que acompaña a muchas mujeres porque habla de la vida en toda su extensión. Combina conocimiento, criterio y generosidad para compartir su historia. Fortalece el corazón, hace comunidad, reduce el estrés y mucho más”, señaló Txus Iparragirre, periodista de RNE, en la presentación de la publicación este pasado viernes en Altsasu. También participó Yaki Hernández, psicóloga y secretaría técnica de Saray, Asociación Navarra de Cáncer de Mama. Precisamente, a esta entidad, que preside Marijose Oraa; irán los beneficios de su venta.
“Mi única experiencia con el cáncer la había vivido al lado de mi padre, que falleció a causa de esta enfermedad en 1993. Entonces era tabú. Así que, desde el diagnóstico supe que daba comienzo uno de los episodios más importantes de mi vida”, recuerda. Un sinfín de miedos, anhelos y sentimientos se sucedían en su interior y tuvo la necesidad de compartirlo, de no dejarse nada dentro. Como dice en el libro, “no quería correr un velo ni tupido ni transparente, ni olvidarme del tema”.
Fue un ejercicio terapéutico. Así, volcó su experiencia en un primer texto, un borrador muy directo que huía del drama con humor y que pulió con Txus Iparragirre, respetando su voz. “Escribir me ayudó a soltar muchas cosas, pero también fue un proceso muy exigente, lleno de dudas, emociones intensas y silencios difíciles de explicar. Al final, el libro es como un álbum sin fotografías: recoge las claves de un camino que muchas mujeres recorren cada año”.
Al respecto, con la mirada de la experiencia, les diría que confíen en la atención sanitaria, que se dejen cuidar y que permitan que las ayuden. “En un momento de tanta vulnerabilidad eso también es una forma de fortaleza. Aunque todo parezca incierto, van a salir adelante y aprenderán mucho de esa experiencia”, destaca.
Publicación en 2010 y reedición en Amazon
Publicarlo fue un compromiso y su acogida toda una sorpresa. La primera edición, de 1.500 ejemplares, se agotó en menos de un año. Pero nunca dejó de circular, pasó de mano en mano entre mujeres que se sentían acompañadas en un duro camino. “Superó todas mis expectativas y, en lo personal me ayudó muchísimo. Sentía que le había robado al cáncer algo positivo, no solo para mí, sino también para otras personas”, observa.
Hace un año surgió la posibilidad de publicarlo en Amazon. “Me pareció una oportunidad clara: el libro podría llegar a cualquier lugar y, además, seguir teniendo ejemplares físicos. Ahora, después de la primeras presentaciones y de recibir muchos mensajes de lectoras y lectores, afectadas o no, jóvenes y no tan jóvenes, tengo la sensación de que el texto ya forma parte de otra etapa. Casi lo veo como una ficción, pero una ficción que sigue siendo actual y que transmite esa mirada serena que solo el paso del tiempo regala”, cuenta.
Otra mirada tras atravesar un cáncer
Vivir un cáncer cambia a quien lo atraviesa. Obliga a recorrer un territorio desconocido donde el miedo, la incertidumbre y la vulnerabilidad se convierten en compañeros de viaje. Sin embargo, dentro de esa experiencia, al igual que de otras, se esconde un aprendizaje que transforma la manera de mirar la vida. “Después de esa parada en boxes tuve muy claro lo que no quería en mi vida. Aprendí a decir no, a reconocer mis límites físicos y a dosificarme mejor, porque antes no era tan consciente de eso. Mi esencia sigue siendo la misma, sigo teniendo ganas de implicarme de embarcarme en nuevos proyectos, pero ahora lo hago de otra manera. Procuro escucharme más y reservar siempre un pequeño espacio para mí. Ese, quizá, ha sido uno de los grandes cambios: vivir con más conciencia, sin perder la ilusión”, destaca.
Trabajo y compromiso con Saray
Lo cierto es que sigue intacto su compromiso y desde 2019 preside Saray, que en la actualidad cuenta con más de 1.200 socios y socias. “Ofrecemos un servicio de calidad, gracias a la profesionalidad y la enorme implicación de las personas que trabajan en la asociación. El buen trato y la calidad humana son nuestra base, porque somos una entidad formada por personas afectadas y eso se nota: la empatía, la escucha activa y el compromiso están presentes en todo lo que hacemos”.
Asimismo, incide en el trabajo en equipo, “desde la junta directiva hasta el voluntariado, y también gracias a la colaboración de entidades y patrocinadores. A veces parece magia, pero en realidad es mucho trabajo y mucha ilusión para acompañar a las personas afectadas y a su entorno, y también para impulsar la investigación, con la esperanza de un futuro sin cáncer”