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El Cerco de Artajona recupera su sonido con una nueva campana

La Asociación de Bandeadores retoma su actividad tras restaurar la campana del Cerco de Artajona estropeada en 2024

El Cerco de Artajona recupera su sonido con una nueva campanaSaioa Martínez

Artajona ha recuperado uno de sus sonidos más característicos. Y es que la nueva campana del Cerco, bautizada como Saturnina-Isabel, comenzó a sonar el pasado 19 de marzo, día de San José, en su primer bandeo tras ser instalada en el campanario. Con este estreno, la localidad retoma una actividad que había quedado interrumpida durante más de un año tras la rotura de la anterior campana. En concreto, la pieza sustituye a la que se rompió el 3 de diciembre de 2024 durante el bandeo por San Francisco Javier. Aquella campana, con más de un siglo de antigüedad, quedó inutilizada y obligó a iniciar un proceso de sustitución que se ha prolongado durante más de 15 meses.

El proceso no ha sido sencillo. Desde la Asociación de Bandeadores lo califican como “largo y complejo”, tanto por las dificultades técnicas como por la carga económica. La nueva campana ha sido financiada en gran parte por un vecino del municipio, con la colaboración de la Sociedad de Corralizas y aportaciones de particulares a través de un proyecto de mecenazgo impulsado por la propia Iglesia. Además, ha sido necesario fabricar un yugo nuevo, ya que el anterior no se podía reutilizar. La estructura ha sido elaborada por artesanos de la propia localidad, siguiendo el diseño de un bandeador artajonés y con supervisión técnica.

La rotura de la campana en diciembre de 2024 supuso un parón en la actividad de los bandeadores, que han estado más de un año sin poder realizar su práctica habitual. No era la primera vez que ocurría algo similar. “En 2017 ya se nos había rajado otra campana, que era de 1896”, explica Benito Linzóain Urra, presidente de la Asociación de Bandeadores de Artajona. “En siete años se nos han rajado las dos campanas, que de normal duran más de cien años. Tuvimos mala suerte”, añadía.

En Artajona se realizan entre 40 y 45 toques al año, concentrados principalmente en celebraciones religiosas. Entre las primeras citas tras su estreno se encuentran el Domingo de Ramos, Jueves Santo o el Domingo de Resurrección. El bandeo no forma parte del uso cotidiano de las campanas; no se utiliza para marcar las horas ni para avisos diarios. “El bandeo se dejaba solo para las ocasiones solemnes”, explica Benito.

Bandeadores de la Campana de Artajona, en el Cerco.

Así, suena en fechas como Semana Santa, Santiago, la Virgen de agosto, las fiestas patronales o Navidad. También se mantiene en algún acto civil puntual, como las fiestas medievales.

Una tradición que se mantiene

El caso de Artajona es singular. Mientras que en la década de 1970 la mayoría de los campanarios se electrificaron, el Cerco mantuvo el toque manual. “La campana de la parroquia de abajo sí que se automatizó, pero en la del Cerco, como estaba más arriba, se dejó tal cual”, explica Benito. Aun así, hubo un parón. En torno a 1970, una avería obligó a dejar de bandear durante una década. No fue hasta 1980 cuando una asociación cultural impulsó la recuperación de la campana y del propio bandeo.

El regreso se produjo en 1981. “Empezamos a bandear con los antiguos que habían estado en el 70 y nos enseñaron a los nuevos”, recuerda. Ese proceso de transmisión directa es el que ha permitido que la tradición llegue hasta hoy. Actualmente, la actividad se organiza a través de la Asociación de Bandeadores de Artajona, creada en torno a 2006. Cuenta con unos 80 socios, aunque los que participan activamente en los toques son alrededor de 20. La implicación es voluntaria y se organiza en función de la disponibilidad de cada uno. “La mayoría de los que bandeamos somos gente mayor”, reconoce, aunque el grupo sigue abierto a nuevas incorporaciones. “Aquí estamos al deseo de que venga gente joven, mujeres, críos, hombres, todo el mundo es bienvenido”, señala.

Cómo se bandea en el Cerco

El bandeo manual que se realiza en Artajona tiene características propias. Las campanas se voltean hacia el interior y lo hacen de forma sincronizada. “Cuando una campana está arriba, la otra está abajo, van como invertidas”, explica Benito. Esa coordinación es clave para conseguir el sonido característico del Cerco. Cada campana requiere la participación de tres personas. El conjunto alcanza un peso aproximado de 2.300 kilos por campana y su altura ronda los 3’5 metros, lo que condiciona el esfuerzo necesario para ponerlas en movimiento. “La primera vuelta es un poco dura de darle, y cuando cogen velocidad, van más fáciles”, señala.

Antes de subirla al Cerco

El trabajo se organiza mediante relevos. Mientras una persona controla el ritmo, las otras dos se alternan para mantener el movimiento, lo que permite que participe más gente. Cada toque dura entre tres y cuatro minutos y puede repetirse varias veces en celebraciones más largas. El resultado es un sonido basado en la sincronización de ambas campanas. “Contra más despacio vayan esos cuatro golpes, mejor suena el bandeo”, añade.