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Retrato del origen y la vida del Barrio de Lourdes

La tudelana Fefa Blanco narra en ‘Testigo de este barrio’ la historia de un lugar de acogida y lucha desde que se creó a principios de los 50

Retrato del origen y la vida del Barrio de LourdesFermín Pérez Nievas

“Si no hay recuerdos no habrá historia, y sin ellos no tendremos historia real”, bajo esta máxima, la tudelana Fefa Blanco Arriazu, de 68 años, ha editado Testigo de este barrio, un libro escrito más con el corazón que con la cabeza en el que retrata la vida del Barrio de Lourdes desde la visión de los pequeños detalles de quienes vivieron en él. Integrante de la Asociación de Mujeres del Barrio durante 35 años y presidenta entre 2011 y 2018, en sus páginas ha volcado su pasión por esta zona de Tudela, de la que reconoce estar enamorada, y donde transcurre buena parte de su día a día, pese a que “nunca he vivido en el Barrio, he comido, dormido, estudiado, he estado y trabajado con las mujeres, pero jamás he estado empadronada en él”. “¿Por qué me pasa esto? Creo que es porque no soy de pueblo, pero tengo esencia de ser de pueblo y lo más parecido que hay a ser de pueblo, a tener unas raíces es ser del Barrio de Lourdes”.

Nacido a principios de los años 50, el Barrio de Lourdes surge de la necesidad de buscar alojamiento y vivienda para la llegada de emigrantes que llegaban a Tudela desde diversas partes de España, sobre todo Soria, La Rioja y Extremadura, buscando un trabajo y un lugar donde empezar de cero, según narra la propia autora. “Hay gente que viene por economía y otros por miedo tras laGuerra Civil. Vienen huyendo de los comentarios de sus pueblos y pasan a ser familias puras y limpias de rumores, parten de cero y se ayudan entre ellas para crecer juntos y hacer crecer también al Barrio”.

A aquella Tudela donde todavía se vivía en cuevas en la Virgen de la Cabeza y en el propio Barrio de Lourdes (en la zona de la subestación eléctrica), llega también en 1938 un joven jesuita que cambiará para siempre la historia de Tudela, el Padre Lasa. De su empeño por dar vivienda a la gente sin recursos comienza a nacer el Barrio, primero con la compra de terrenos para viviendas unifamiliares, que construyen entre grupos de trabajo de 10 personas, y más adelante con la puesta en marcha de proyectos programados. Las primeras florecen en el entorno de las calles Sobellanas (antigua Luis Moracho Ciria), Mayoral de Campos (antigua Francisco Úcar Goldsmith), Zahorí (antigua Juan Salvatierra) y Río Madre (antigua Hermanos Pérez Nievas).

Origen del libro

La idea del libro nace hace unos 13 años en la mente de Fefa que va recogiendo las historias y los pequeños detalles que le cuentan sus protagonistas y que ella va explicando en las visitas guiadas que hace al alumnado del colegio San Julián. Su reivindicación siempre es la importancia de guardar la memoria, contar los recuerdos para que no se pierdan, “no digo que no se estudie la historia del mundo, claro que es importante y relevante, pero estamos perdiendo nuestra historia. Hay que recuperar lo que hemos vivido y contarlo. Tengo muy mala memoria por eso escribo todo. Voy escribiendo y una vez me di cuenta de todo lo que tenía y dije ‘todo esto lo tengo que contar’ y así comencé”.

La autora confiesa que hacer el libro le ha supuesto un sufrimiento importante y un gran dolor de cabeza porque “lo que se me da bien es hablar, contar, pero no escribir”. Por eso comenzó con las visitas guiadas. “A los 2 o 3 primeros años de empezar con las visitas y de guardar todas las experiencias que me contaban pensé ‘¿y si escribiera un libro?’, enseguida me contesté ‘tú estás loca, como vas a escribir tú un libro’. Pero empecé a escribir y lo dejaba, lo retomaba y lo dejaba… hasta que llegó momento en que digo ‘lo voy a hacer si o si’. Eso fue hace tres años, pero llevo 13 años con la idea”.

Así nació Testigo de este barrio, precisamente porque ella ha sido testigo de cómo ha evolucionado y ha recogido los testimonios que, por suerte, aún se pueden recuperar, de las personas que lo han levantado y creado una zona de acogida con una gran sensación de arraigo y un enorme sentimiento de pertenencia. “Hay gente que piensa que España ha sido siempre igual pero no es así y hay que contarlo. Hemos tenido un proceso largo para llegar a esto, como lo han tenido otros pueblos. Cuentos a los niños y niñas con foto y la primera que les enseño es una de un campo, y les digo, ‘el Barrio era esto había olivos, viñas… y gente viviendo en las cuevas. Y da la casualidad de que llega un jesuita a Tudela, el padre Lasa. Otros duraban un año y se iban pero éste se quedó y se puso a trabajar y apostó por crear un Barrio nuevo’”.

En sus páginas narra cómo las mujeres llevaban los zapatos en una bolsa hasta que llegaban a las calles asfaltadas de Tudela donde se cambiaban (ya que el Barrio de Lourdes estuvo sin asfaltar más de 30 años), cómo para mejorar el tránsito de las calles embarradas se le ocurrió echar carbonillas de los trenes en las calles y las madres no podían quitar las manchas de la ropa de los niños, cómo no había luz ni agua en las casas que, eso sí tenían bañera, cómo se turnaban para llenar los cubos de agua de los que se abastecían y tantos y tantos detalles…

La fuerza de los colectivos

Pero si algo ha marcado el nacimiento, el crecimiento y desarrollo del barrio y le ha hecho ser lo que hoy es ha sido el trabajo y la existencia de asociaciones vecinales de gran arraigo y participación que ha hecho de la solidaridad y el compromiso su bandera. De hecho, uno de los capítulos se dedica solo a los colectivos que existen en el Barrio de Lourdes. “Tengo mi teoría sobre el Barrio y es que está como está gracias a los colectivos que hay. En los barrios que no hay colectivos con esta fuerza están hundidos. Tengo compañeras del centro de mujeres que son las chicas de oro, mujeres que saben mucho sin tener estudios, pero que han aprendido de la vida y son muy especiales. Son de ayudar, enseñar, hacen ropa para quien necesita, ayudan a cuidar los niños de quien no puede, tareas de la casa... Eso se encuentra en muy pocos sitios porque son mujeres de pueblo”, cuenta mientras le afloran las lágrimas de emoción a los ojos.

“Hay muchas guerreras. El Padre Lasa se dio cuenta de su fuerza y pensó ‘las tengo que mimar’. El centro que nos entregó es temporal, es cedido y llevamos 60 años en él. Hubo una generación muy especial de curas entonces en Tudela. Alfonso, Amado, Sixto… cuando surge la iglesia de San Juan, Sixto Iragui realiza un trabajo ímprobo. Hay una revolución, la iglesia de San Juan marca un antes y un después. Querían bailar en la iglesia, hacer catequesis para adultos, reuniones familiares, meriendas, misas en círculo, con barras de pan, encierros, lucha sindical, tantas cosas…”.

Fefa, que presentó su libro en un cine Moncayo abarrotado, se muestra “contenta, ilusionada y aunque tiene mucho trabajo ha sido un gustazo la investigación, descubrir cosas de la historia del Barrio… me ha hecho disfrutar mucho”. Pese a todo, no duda en afirmar que, aunque sigue recuperando historias del Barrio, “no voy a escribir más, no. Me supone mucho esfuerzo, hasta el punto de preocuparme, de no dormir. Soy más de palabra hablada, lo tengo clarísimo. Pero he pasado la pasión por el Barrio a otras personas que van a seguir investigando en el Barrio”.

De cara al futuro, se muestra convencida que un Barrio que ha pasado de estar poblada por personas de decenas de provincias españolas a estarlo por personas de países diversos va a seguir siendo un lugar de acogida. “Mi generación está verde, pero mis nietos no lo están. Tengo nietos que tienen su origen en Ecuador y en Colombia. Mi hijo mayor no tenía emigrantes en la clase, el pequeño tuvo dos y ahora mis nietos estudian con un 50% en el que sus padres son de origen extranjero, y a veces más. Son sus amigos, sus compañeros y el problema es nuestro, de mi generación. A veces tratar de explicarlo me cuesta crearme enemigos. Lo siguiente que voy a hacer es enseñar a mujeres ucranianas a hacer una menestra porque se quieren presentar al concurso de Las Verduras. Tengo mujeres árabes y de muchos países, que nos enseñamos mutuamente. Es cierto que esto sucede más con las mujeres porque nos cuesta menos abrirnos”.