Recuperar la nevera de Aras para el enoturismo es uno de los proyectos que más entusiasmo están trabajando Pedro Luis Cadarso, Dolores Sánchez y su hijo Marcos, de 24 años. Esta familia de viticultores y bodegueros de Aras trabaja además del cultivo de sus variedades de uvas tintas y blancas, en la elaboración de los vinos y en la creación de un marco que invite a la gente a participar de toda la cultura enológica. Ahora su proyecto cuenta con un elemento arquitectónico con el que pueden marcar la diferencia. Se trata de la vieja nevera de Aras adaptada como bodega y edificio social.
Una construcción subterránea cilíndrica de 8 metros de diámetro y otros ocho de altura “es una de las más grandes de Navarra y la mejor conservada”. Un edificio espectacular que acaba en una bóveda de sillería que recuerda a una capilla de una catedral. Un edificio que se creó en Aras de manos de la cofradía de la Veracruz en 1674 con la idea de hacer 500.000 kilos de hielo, un producto que se hacía con la nieve recogida de los montes cercanos del Abriguillo, Longar o al alto de los Bojes y que se utilizaba tanto como remedio médico como conservante, y que en aquellos años había puesto de moda un galeno sevillano.
“Aquel hielo se vendía a Viana, Mendavia o Lazagurría, pero sobre todo en Logroño con los que hacían el pedido con señales de fuego”, asegura Marcos, que a sus estudios agronómicos y de enología también ha incluido su pasión por descubrir la historia de este edificio donde depositará sus mejores vinos.
De nevera a bodega
Desde el 1.800, el negocio del hielo dejó de ser rentable porque había otras maneras de producirlo y la que fuera nevera de la Veracruz de Aras se vendió y se convirtió en bodega cuando pasó a ser propiedad particular. Un destino que ya es una realidad para las Bodegas Cadarso y que puede ser visitado y experimentado. Esta ampliación de la bodega ya cuenta con una selección de 2.400 botellas en sendos botelleros semicirculares instalados en el fondo de la antigua nevera, un espacio donde apenas hay variaciones de temperatura en todo el año, gracias a sus 8 metros de profundidad y a la protección de la cúpula que controla cualquier variación como si fuera un iglú.
También se conservan los antiguos lagos construidos con grandes piedras de sillería que tenían 10.000 litros de capacidad y que podrían servir también como almazara para la decantación del aceite y a los que se accede desde la calle que en su tiempo servía para descargar los comportas de uva. “Este espacio -que cuenta con una escultura del racimo de Angelmari Chasco y una vidriera de Enrique Ayala- está preparado para recibir a los visitantes que quieran probar los vinos en un lugar único como es este”, señaló Marcos, quien describirá a sus invitados la evolución de los vinos a lo largo de la historia pero también los paralelismo de alguno de los procesos en la elaboración de los caldos.
Viticultores
Allí también hay referencias a las viñas, muchas de ellas muy antiguas como la de San Juan que no llega a las dos hectáreas y que fue plantada en 1924 a un marco de 1x1,2 metros. Y es que uno de los secretos de esta familia es su tradición viticultora que se remonta a varias generaciones. Uno de los principales artífices de esta cultura del viñedo es Severiano Cadarso, el abuelo de Marcos y un viticultor que ha plantado muchas de las 28 hectáreas con las que cuenta esta bodega con una producción de 80.000 litros de vino de la DOc Rioja, entre ellas la ubicada en La Charrina de tempranillo que plantó en 1975. Viñas que se vendimian a mano pero que en su control también se utilizan las tecnologías más vanguardistas como el dron que maneja Marcos y con el que aplica alguno de los tratamientos bioestimulantes y fertilizantes foliares “te permite actuar justo donde hace falta, sin dañar el viñedo”, asegura Marcos, que tiene claro que esta herramienta va a mejorar la gestión de los viñedos. “En los momentos de más peligro de enfermedades podemos ser mucho más eficaces y con menor impacto en la vid”.
Con la apertura de la nevera se abre también un nuevo objetivo a esta pequeña empresa familiar que es el de dar a conocer el edificio único de la nevera y vincularlo al desarrollo turístico de la localidad. “Está claro que nuestro objetivo es hacer los mejores vinos pero sabemos que tenemos que ofrecer otras alternativas y en este sentido estamos seguros de que la experiencia de conocer el espacio único de la nevera nos va ayudar muchísimo”, finalizó Marcos.