Las Galerías Medievales de Olite-Erriberri acogieron este lunes el acto institucional con motivo del Día de la Comunidad Gitana en Navarra, una celebración que se conmemora cada 27 de abril en recuerdo de la llegada documentada del pueblo gitano al antiguo Reino de Navarra en 1435, cuando un grupo de peregrinos que realizaba el Camino de Santiago fue recibido en el Palacio Real de Olite por la corte de la reina Blanca. El acto reunió a representantes institucionales y del movimiento asociativo gitano en una jornada en la que se puso el foco en la memoria histórica, el reconocimiento cultural y las reivindicaciones sociales de la comunidad gitana en Navarra. “La conmemoración de esta fecha reconoce la historia y aportación de la Comunidad Gitana a la Comunidad Foral de Navarra, y busca reparar tantos años de persecución y discriminación”, exponían desde el Ayuntamiento de Olite.

Josu Etxarri, alcalde de la localidad, defendió la convivencia entre identidades culturales y lingüísticas, mencionando el romaní y el euskera como elementos patrimoniales: “el euskera y el romaní en su variante hispana de kaló, constituyen dos tesoros culturales a fomentar y proteger. Expresan por sí mismos una voluntad firme en subsistir como pueblos y son también una evidencia de lo enriquecedora que puede ser la convivencia asentada en la buena voluntad y el respeto a los demás”. Josu también señaló que “reivindicar el respeto a la diferencia implica reforzar valores que hoy atraviesan dificultades, como la prosperidad económica, social y cultural compartida por todos”.

Desde las asociaciones

Desde el ámbito asociativo, la representante de la Fundación Secretariado Gitano, Maitane Michel Echeverría, manifestó que seis siglos después de la entrada del pueblo gitano en la Península Ibérica, quieren seguir dando pasos firmes en la reparación y en la memoria. “Así entendeos que deberían construirse las sociedades, con la diversidad en el centro de todo y desde la igualdad efectiva de derechos para todas las personas como principio irrenunciable. Queremos agradecer al Ayuntamiento de Olite este gesto simbólico y reparador que ayuda a comenzar a reparar siglos de olvido hacia nuestro pueblo”.

Por su parte, Julia Pérez, de la Asociación La Majarí, ha contextualizado la situación del pueblo gitano en Europa desde una perspectiva histórica y cultural. “En España y en Navarra, desde el siglo XV al siglo XX se promulgaron más de 280 leyes pragmáticas, decretos, reglamentos y medidas de excepción específicas contra los gitanos y las gitanas. Todo ello ha dejado secuelas importantes en la autoestima colectiva del pueblo gitano. También ha marcado la forma de relación de mayorías hacia minorías, de opresores hacia oprimidos. Para comprender en la actualidad el concepto de antigitanismo, debemos eliminar la miopía social e institucional a la que han sido sometidas la cultura y la historia del pueblo gitano”.

Finalmente, desde la Asociación Romanipen, Natalia Jiménez reclamó un mayor compromiso institucional en la lucha contra el antigitanismo y pidió que las políticas públicas incorporen medidas de reparación y prevención “a todos los niveles de la administración”, además de requerir avances en el reconocimiento institucional del pueblo gitano en Navarra. Entre sus demandas se incluían la aplicación efectiva de la ley foral contra el racismo y la xenofobia, la puesta en marcha de una nueva estrategia autonómica y el refuerzo de las políticas de educación, vivienda, empleo y salud. Defendió también la participación directa de la comunidad gitana en el diseño de estas políticas bajo el principio de “con los gitanos y las gitanas, no solo para ellos”.

Pueblo reivindicativo

El coordinador de la Federación de Asociaciones Gitanas de Navarra Gaz Kaló, Ricardo Hernández, cerró las intervenciones en línea con las demandas planteadas durante el acto y reclamó medidas concretas para avanzar en la inclusión. Defendió la necesidad de “acciones específicas para compensar las desigualdades que afectan al pueblo gitano”, con propuestas centradas en ámbitos como la educación, para facilitar que el alumnado finalice la secundaria y acceda a estudios medios y superiores; el empleo, “en igualdad de condiciones y con formación adecuada”; la vivienda, evitando situaciones de discriminación; y la salud, donde advirtió de que “la esperanza de vida es mucho menor en la comunidad gitana que en el resto de la población”.