El puente que vuelve a unir la memoria del valle de Arce
Recuperan el histórico Puente Esqueleto caído en el año 2000 ligado a unas minas medievales y un sendero fácil de 7,5 km entre Urdirotz e Hiriberri
“Ha quedado muy bonito, es una maravilla”. Así es como los habitantes del valle de Arce/Artzibardescribían sus sensaciones días atrás en la inauguración del renovado Puente Esqueleto sobre el río Urrobi, en el término de Urdirotz. A propuesta del Ayuntamiento del valle, varios vecinos y vecinas recorrieron el nuevo sendero de más de 7 kilómetros que conecta Hiriberri y Urdirotz, siguiendo en parte el trazado de lo que se conocía como el Camino Real, desde donde partieron para terminar encontrándose junto al puente. Allí, compartieron un pequeño almuerzo en el que afloraron recuerdos e historias que durante décadas han permanecido ligados a este rincón.
Porque el Puente Esqueleto, que quedó derruido en el año 2020 y para el cual el Ayuntamiento llevaba 26 años buscando financiación (ha sido rehabilitado ahora por 234.000 € gracias a los Fondos Europeos Next Generation), es mucho más que una simple infraestructura. Es un lugar cargado de memoria.
Paso de vacas
Así lo transmitía ese día Francisco Oroz “Pantxo”, vecino de Hiriberri/Villanueva, que recordaba cómo en las inmediaciones del puente, donde ahora hay maleza, antes se extendía un campo de “7 u 8 robadas” donde se cultivaban patatas y trigo y donde trabajó con 20 años. “Quien lo tenía arrendado solía pasar las vacas con el carro por el río, pero una vez le tocó pasar con las vacas enyeguadas y pasaron muy justo. Si llegan a porfiar, al agua todos”, decía entre risas.
Y es que durante décadas fue un paso habitual sobre el río, tanto para cuestiones agrícolas como para el contrabando que marcó la vida de muchas familias. “En el monte cortando ramas con el hacha trabajábamos 12 horas desde el amanecer hasta oscuro y 100 pesetas nos pagaban al mes. Con el contrabando, 300 pesetas nos pagaban por una noche. Ya he pasado yo muchos paquetes por este puente, sí. Era el pan nuestro de cada día”, aseguraba.
A su lado, su mujer, Blanca Torrea, de Urdirotz, sonreía al recordar las veces que tuvo que atravesarlo con las vacas. Cada día llevaba entre siete y ocho reses desde Urdíroz hasta unos campos situados al otro lado del río, en el término de Urrobi. El puente no tenía barandillas, por eso lo llamaban “esqueleto” y era mucho más estrecho que ahora. “La primera vez me costó muchísimo. Las vacas veían el agua y tenían miedo a pasar”, recuerda. Con el tiempo acabaron acostumbrándose, igual que ella a recorrer aquel camino para hacer recados o acudir a comprar a Arrieta con una burra. “Era lo que me tocaba. Mis hermanas se fueron a estudiar y a mí me mandaban a comprar, pienso o lo que fuera, al ultramarinos. Había que volver antes de que oscureciera”, expresaba la vecina de Urdirotz.
También Benito Antonio Nagore Goñi, nacido en Imizkotz hace 82 años, mantiene un recuerdo vivo del puente. Se acuerda de que lo conocían como el puente de Casa Cartago. “Aquí abajo estaba la Casa Cartago, que era como una caseta de camineros. Y pasábamos mucho por este puente, que estaba desnudo y sin barandilla, y por el camino, que entonces llegaba hasta Úriz, con unas escaleras muy emblemáticas”, añoraba. Para Benito, la importancia del enclave no se limita al puente. Muy cerca se encuentran los restos de la antigua actividad minera de Urrobi, documentada desde el siglo XIV. “Habría que poner en valor esas ruinas y también investigar sobre una posible ermita que por los topónimos parece que existió”, reconocía.
Actividad minera
Y es que los estudios realizados para la reconstrucción del puente del esqueleto señalan precisamente esa relación con la minería medieval. Aunque durante mucho tiempo se creyó que podía tratarse de un puente romano, las investigaciones concluyen que probablemente fue construido entre los siglos XIV y XV, coincidiendo con la explotación de minas de plata y cobre impulsada en la zona por Paolo Girardi, maestro de minas del Reino de Navarra.
Según cuenta Benito, buen conocedor de estas minas a raíz de que su abuelo trabajara en ellas entre 1880 y 1890, “había unos cuantos barracones y trabajaban más de 30 personas”, explicaba. Sin embargo, entre idas y venidas, toda esa actividad fue abandonada poniendo fin a la explotación minera, cuyos vestigios permanecen hoy a la espera de que alguna investigación permita arrojar más luz sobre su historia.
Más allá de recuperar un paso histórico, la rehabilitación del Puente Esqueleto también refuerza el atractivo turístico de un valle que lucha por sobrevivir, al enlazar con otros recorridos como la Gran Calzada Romana del Pirineo y la ruta ciclable EuroVelo. Pero para muchos vecinos supone, sobre todo, recuperar un lugar que forma parte de su memoria: un puente que vuelve a unir el pasado y el futuro de Artzibar.