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Las 1.001 caras de la Extreme Bardenas

Lluvia, calor y polvo, de todo hubo en la prueba que coronó Jorge Barrena y en la que tomaron parte 730 bikers

Dos participantes saludan a cámara con Castildetierra al fondo.Foto:

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Más allá de estereotipos del desierto ribero, de arena, polvo y la sartén de Navarra, lo cierto es que la Extreme Bardenas siempre sorprende, bien sea por el clima, por la exigencia o por nuevas rutas que se atraviesan en el recorrido por las que antes no se había discurrido. En esta ocasión, en esta 27 edición, el CC Arguedano había incluido entre los 100 kilómetros por la Bardena Blanca un paso por los montes de Arguedas, ya conocidos por quienes participan en la Media Extreme, pero que ha sofocado y estirado al pelotón hasta extremos poco imaginables y que les ha obligado a subir con lluvia rampas de hasta un 20% de inclinación. Si a todo eso se le une que durante el primer tercio de la prueba ha llovido de forma constante, fuerte y tenaz, la conclusión es que, una vez más la Bardena sorprendió a los casi 730 bikers que se han decidido a tomar la salida, cayera lo que cayera del cielo, fueran los casi 40 grados vividos en los días pasados, o las trombas de agua que hacían augurar los rayos y truenos que se oían y sentían desde las 7.30.

El primero cruzó la meta en 3 horas y 15 minutos, el último lo hizo en 6 horas y 37 minutos, en la Extreme Bardenas hay sitio para todos

En la línea de meta, Jorge Barrena Cía (del club Ayegui) el mejor tiempo, al cruzar primero con un tiempo de 3 horas, 15 minutos y 57 segundos (hacia las 11.45), con una media de 30,62 km/hora, nada menos que a casi 8 minutos del segundo, Pedro Luis Lacosta Musgo (del CC Melidés) que llegó con 3 horas 23 minutos y 30 segundos. Una de las mayores diferencias marcadas entre primero y segundo. Para que el público vea cómo en la Extreme caben todos, los últimos, los amigos Javier Ubago y Carmelo Abadía llegaron 3 horas y 12 minutos después, con una media de 15 km/hora, a las 14.30 horas, invirtiendo 6 horas, 37 minutos y 54 segundos. Tanto disfrutaron los primeros como los últimos, ese es el objetivo del CC Arguedano.

El pelotón estirado a la salida de Arguedas.

El recorrido

La prueba comenzó con un homenaje emotivo a los fotógrafos y medios que han cubierto la prueba durante años. Un reconocimiento que se hacía mientras muchos de los participantes salían de debajo de los aleros de las casas o de los árboles donde se habían refugiado para protegerse de la lluvia que no dejaba de caer desde que había amanecido. No era fuerte, pero las gotas eran tan grandes que, por un momento, muchos bikers pensaron que podía ser granizo.

En este ambiente de sorpresa, y de pensar cómo podría ser una Extreme con lluvia, algo que no se había vivido en ninguna de las 26 ediciones anteriores, se dio la salida con el tradicional cohete. Como es habitual, se dejó un lugar preferente delante del pelotón a los socios del CC Arguedano, para que pasaran primeros por su localidad para responder a los saludos, pero a partir de que se abandonó el Casco Histórico la lucha se abrió y, aunque la Policía Foral mantuvo la calma en el pelotón hasta pasar Valtierra, las primeras rampas marcaron pronto lo que iba a ser la tónica.

Un biker saluda a cámara con la Ralla y el Rallón de fondo.

Un grupo de muy pocos elegidos, que no llegaban a una decena, encabezaron la marcha a través del monte de Bardenas, cuando la lluvia comenzó a arreciar. El camino, parecía que se iba embarrando, pero no llegaba a hacer patinar las ruedas. El suelo de Bardenas esta demasiado seco como para que esta lluvia afectara. Al frente de todos estaba el Jorge Barrena, que desde el principio mostró sus intenciones en las rampas de Valtierra, aunque, tras adelantarse, se sumergió en el grupo para esperar al final, y también el tudelano David García Cuesta, del CC Gamen, que encabezaron la prueba a través de campos en los que se veían ya pequeños pinos que asoman tras el incendio que soló la zona en junio de 2022 y numerosas placas solares y parques eólicos.

Tras alcanzar la sierra del Yugo, el pelotón se lanzó en la bajada para, tras girar en la cooperativa de Arguedas volver a subir hacia Bardenas por una de las rutas de los montes de Arguedas, con rampas muy potentes, de hasta el 20%, en las que se habían colocado estratégicamente los vecinos y vecinas para animar a los participantes. Este tramo, en la que la lluvia también arreció, fue el final de la extreme lluviosa, y una vez que se enfiló el camino hacia Castildetierra, emblema y corazón de la Bardena Blanca, el clima volvió a su ser, salió el sol y los grados comenzaron a subir.

El público anima en una de las rampas más duras.

Es cierto que no pasó de los 26 grados en toda la mañana (nada que ver con los 38 o 40 que se esperaban a principios de semana), pero cuando los bikers se adentraron en Las Cortinas, Piskerra y El Caldero el paisaje y el polvo no ayudaba a sentirse bien con un sol de justicia, aunque la cifra del mercurio no fuera llamativa.

Así se llegó a la emblemática zona de Las Bodegas, donde la arena, en ocasiones más fina que la de las playas, se adhería a la cadenas, se ataba a los radios de las ruedas y creaba rodaduras imposibles que ponían en peligro a los más avezados y muchos, confiados, casi acabaron en el suelo. Los charcos de arena envolvían la cubierta de las bicicletas y no fueron pocos los que echaron pie a tierra para subirlos a pie, máxime cuando al final de estos rompepiernas se comenzaba a intuir la cuesta de las Yeguas, último gran escollo de Bardenas antes de llegar al Yugo. Algunos que procedían del norte de Navarra y desconocían este paisaje se maravillaron, “quería conocer la Bardena y nada mejor que con esta prueba”.

Un biker saluda a cámara al salir de la zona de Las Bodegas.

Superadas las de Valtierra y Arguedas, las rampas de las Yeguas se antojaban más tendidas y menos exigentes, pero llegan en el kilómetro 60, por lo que el avituallamiento era el más solicitado de todos.

Finalmente, tras adentrarse en el Plano y descender por la zona de regadío de Bardenas, la rica y floreciente Lanzaduría, los participantes llegaron a la subida del Yugo, donde, como todos los años, un nutrido grupo de familiares conocidos y aficionados esperaban a los osados que se habían atrevido a enfrentarse un año más a la extreme, sin tener en cuenta el polvo, el sol, el calor, o como este año, la lluvia que se sumó a las armas que emplea Bardenas para tratar de expulsar de sus montes y sendas a las máquinas de dos ruedas que cada año (desde hace 28) la atraviesan. Esfuerzo en vano, porque buena parte de quien lo ha probado, repetirá en 2027.

La Extreme siempre sorprende, bien sea por el clima o por las nuevas rutas, lo cierto es que cada edición es muy diferente a la anterior

Testimonios

José Ignacio Martín y Esther Gutiérrez, de Azuqueca de Henares (Guadalajara) acapararon ayer buena parte de las miradas, al ir montados en un tándem. Es la quinta vez que participaban porque este tipo de camino, “se adaptan muy bien al tándem. Mi compañera, Esther, no se atreve a venir sola, se maneja bien pero son muchos kilómetros y la forma perfecta de hacerlo los dos”. Hubo muchos debutantes ayer en la salida.

Para Yolanda Turón, de Utebo, era la primera vez y la experiencia le ha encantado, “la cuesta del inicio ha sido bastante chinga, pero muy bien. Dormimos en Arguedas un grupo y fuimos a ver la subida desde Arguedas, que era uy difícil”.

La cabeza de carrera en los altos de Valtierra, con molinos al fondo.

En la meta, Rubén Ladino y Orlando Marín, de Logroño, aseguraban que repetirían el año que viene, “hemos disfrutado mucho. Los avituallamientos fenomenal y el ambiente y los ánimos ayudan mucho. Solo conocíamos Sendaviva pero no las Bardenas y nos ha encantado”. También era el primer año para Ignacio Grijalbo, de Novallas, que aunque conocía las Bardenas, al haber hecho alguna Javierada, no había participado, “la lluvia ha venido de cine para refrescar”, dijo, junto a él Víctor Ibor, de Pinsoro es más veterano y recordaba con horror “los 42 grados que tuvimos el año pasado en el Yugo”.

Salida de uno de los barrancos en Las Bodegas.

Más experto era José Ignacio Chiquirrín, que durante años ha ejercido como mecánico de la prueba, pero que desde hace tres años puede disfrutarla. “He estado más de 20 años de mecánico y llevo tres que la estoy haciendo. Hoy ha estado muy bien, ha llovido un poco pero ideal. No ha sido incomoda la lluvia, el suelo estaba muy asentado y no ha creado barro. Sin embargo, en la zona de Las Bodegas ha habido mucho polvo, porque ahí no ha llovido nada. No se veía nada y si había alguien en el suelo, como ha pasado a muchos, te lo comías, no lo veías”.