La semana pasada falleció en Castejón con 96 años de edad Olimpia Plaza García, emblema de la reivindicación de la Memoria Histórica y de la lucha por recuperar los restos de los familiares fusilados en 1936. Hija y nieta de fusilados, durante toda su vida, incluso en las condiciones más adversas, no cejó ni un solo día de mantener viva la llama del recuerdo de su padre, Valentín Plaza, alcalde de Castejón en 1936, y de su abuelo, Salustiano Plaza, fundador del PSOE en Castejón y presidente de la Fraternidad Obrera.
Ella y sus dos hermanas, al igual que su madre Villar y su abuela, Eustaquia, no cejaron de reivindicar la dignidad y el derecho a la memoria, ni de buscar los restos de su abuelo, que nunca llegó a encontrar, pese a saber que fue asesinado en las tapias del cementerio de Tudela un 7 de agosto. Olimpia y su familia sufrió la marginación y el silencio durante años por unos crímenes que marcaron a ella, a sus hermanas, a su familia y también a las hijas de Olimpia que siguen en la actualidad con ese empeño de mantener la memoria y crearon la Asociación de Vecinos Valentín Plaza en Castejón.
El pasado 5 de julio en el cementerio de Castejón se realizó un sentido homenaje en el que recibieron a Olímpia Plaza tocando Carlos Conde y Begoña Francesena con txistus el himno de Riego. Una vez en en el interior del cementerio Begoña Imaz y Ricardo Orta Cantaron a dúo el aurresku mientras tres dantzaris de Txirrinta (Laura Irigaray, Yare Da Silva Irigaray y Zulema González Navarro) bailaban el aurresku. Al introducir el féretro de Olímpia en el nicho Carlos Conde y Begoña Francesena con sus txistus tocaron Agur Zaharra.
Años de memoria
Olimpia fue obligada a bautizarse y a hacer la primera comunión, les arrebataron sus pertenencias y el párroco pretendía cambiarle el nombre porque no le gustaba. Su angustia e incertidumbre continuó durante toda su vida y aunque siempre mantuvo la templanza, sólo los familiares más cercanos conocen el padecimiento y la marginación a la viuda, con 28 años, y las tres niñas de Valentín (Fuencisla, Olimpia y Aurea) que han crecido y pasado toda su vida teniendo que callar el asesinato. “Te despreciaban en la escuela. Siempre estabas la última. Tenía miedo de hasta ir a las tiendas a comprar. Yo le preguntaba a mi madre, ¿ya me venderán?”.
La boda civil de Valentín con la corellana Villar García en 1927 provocó un escándalo en Castejón, que se acababa de independizar de Corella, y en toda Navarra aún bajo el yugo de la dictadura de Primo de Rivera. El joven Valentín era extremo derecho del equipo de fútbol del CD Castejón. Peluquero de profesión, con la llegada de la República fue elegido alcalde. El 17 de julio salió de su casa y se trató de ocultar cerca del Canal de Lodosa. Camino de Alfaro, fue encontrado y asesinado. Falangistas asaltaron la peluquería y la desvalijaron llevándose todo lo que había de valor. Su padre, Salustiano, había fundado el PSOE en Castejón, era presidente de la Fraternidad Obrera, de la UGT, y corresponsal de ¡¡Trabajadores!!. El 20 de julio salió a buscar a su hijo, lo detuvo la Guardia Civil y lo llevó a Tudela. El 7 de agosto, los falangistas tudelanos Vicente García y Joaquín Luis Blesa lo sacaron de la cárcel de Sementales de Tudela ("se fue en un coche que estaba aparcado en la puerta de este establecimiento") para asesinarlo en la pared del cementerio de Tudela.
En 2012, Aranzadi buscó lo restos de Salustiano en Tudela, pero solo encontraron alguna falange de un hombre de unos 80 años. “Ha habido dos personas enterradas aquí, como lo indica el hecho de que hayan aparecido dos metacarpianos izquierdos (huesos del dedo gordo de la mano), dos rótulas y otros huesos. Una de ellas era muy mayor (Salustiano tenía 77 años) como lo demuestra que el cartílago de la nuez aparezca convertido en hueso; la otra era joven (Miguel tenía 29 años) como se ve en la rótula y en los dientes, casi intactos. El problema es que con estos huesos tan pequeños es casi imposible hacer pruebas de ADN para identificarlos. Esta fosa se ha vaciado. Sin féretros, enterrados con cal y dos individuos de tan diferentes edades es razonable pensar que sean sus familiares”. Estas palabras pronunciadas por Francisco Etxeberria es lo más cerca que tuvo Olimpia los restos de su abuelo. Junto a estas pequeñas pruebas humanas también hallaron botones de nácar y una hebilla de un chaleco. Por desgracia no apareció ninguna bala entre los cientos de kilos de tierra removida, “hubiera sido un dato muy importante”, explicó Etxeberria a los familiares.
El 3 de julio Olimpia cejó en su empeño, a los 96 años, pero su legado y su constancia quedan en sus hijas y sus nietos y nietas.