¿Quién no conoce o ha oído hablar del milagro alemán, el espectacular crecimiento económico que vivió este país después de la Segunda Guerra Mundial? Aunque quizás menos conocido, Navarra también experimentó su particular transformación entre 1964 y 1975, cuando en poco más de una década, y en el marco del Programa de Promoción Industrial, se acogieron en nuestra Comunidad Foral un total de 207 proyectos empresariales con los que se crearon casi 20.000 empleos. Entonces, Navarra se reinventó transformando su economía de agrícola y ganadera a otra eminentemente industrial que aún perdura. Y, ahora, cuando ya llevamos más de un cuarto de este siglo XXI, deberíamos reimpulsar nuestra economía pasando a un modelo caracterizado por la productividad, la innovación y el alto valor añadido, reinventando los sectores actuales que sustentan la mayor parte del empleo como atrayendo e impulsando otros sectores que marcarán nuestro devenir.

La productividad, clave para el crecimiento económico

¿Por qué el crecimiento económico de Navarra debe sustentarse en una mejora de la productividad? Rafael Doménech, responsable de análisis económicos de BBVA Research, explicaba recientemente que la productividad “es el único factor que permite crecer de forma sostenida y mejorar el bienestar a largo plazo”. O dicho de otro modo: o incrementamos la productividad, y, por lo tanto, el valor que aportan nuestras organizaciones empresariales a los mercados, o las retribuciones que hasta ahora nos han permitido mantener una alta calidad de vida permanecerán estancadas.

La llave que permite abrir la puerta de la mejora de la productividad se llama innovación, clave tanto para permitir que los sectores actuales se transformen como para atraer nuevos sectores de alto impacto caracterizados por la tecnología que a su vez atraerán el talento que necesitan nuestras industrias para seguir creciendo.

El diagnóstico de la economía navarra

Ahora bien, ¿en qué punto nos encontramos? En el reciente diagnóstico realizado por KPMG para el Instituto Navarro de Inversiones y orientado a potenciar nuestro crecimiento económico, se explica que “en 2024, mientras Estados Unidos acumula un crecimiento del PIB per cápita de casi el 35% respecto a 2003 y la UE-26 roza el 30%, Navarra apenas supera el 10%, situándose por debajo tanto de la media europea como de la española”. Dicho análisis señala que la estructura productiva de la industria navarra se encuentra muy expuesta a los ciclos industriales europeos y, además, vivimos una evolución demográfica que aumenta la presión sobre el crecimiento económico.

El menor crecimiento de la productividad también guarda una estrecha relación con el tamaño de las empresas. Nuestro tejido industrial, al igual que el de España, está formado por microempresas de menos de diez trabajadores (suponen el 95% del total). Y, nos guste o no, el tamaño empresarial condiciona directamente la capacidad de invertir en innovación y tecnología. El menor tamaño de nuestras empresas implica menor capitalización, menor intensidad inversora por trabajador y más dificultades para financiar proyectos tecnológicos.

También es verdad que la incertidumbre sobre los costes de la energía, la financiación o las materias primas dificulta la toma de decisiones y, por lo tanto, las inversiones se retrasan y la prioridad es proteger el margen y la tesorería.

El papel de la I+D+i

En productividad debemos mejorar. Y también, por supuesto, en I+D+i. Sin una apuesta firme para impulsar la innovación y atraer sectores de alta tecnología, el aumento de productividad resulta más complicado. En un ecosistema industrial puntero la innovación no puede acotarse a un número reducido de empresas. Las dinámicas inversoras vinculadas a innovación no han de responder a un impulso puntual sino a una senda sostenida.

En el análisis de situación para el plan de crecimiento de Navarra, se señala que Navarra mantiene de forma consistente niveles de desempeño innovador superiores al promedio europeo, mostrando una mejora progresiva que se intensifica a partir de 2021. Efectivamente, la evolución de la inversión en I+D en Navarra ha mostrado un crecimiento importante en los últimos años, impulsada significativamente en la etapa post-pandemia y marcada por un fuerte repunte en los datos más recientes de 2024, cuando el gasto interno en I+D alcanzó los 623,1 millones de euros, aupados en buena medida por los fondos europeos.

Esta foto merece un mayor análisis. Esta evolución y el volumen de inversión no descansan solo sobre fondos gubernamentales. De hecho, el sector privado fue el principal motor de esta actividad: en 2024 las empresas representaron el 73,1% del gasto total, tal y como puede leerse en la nota de prensa publicada el 18 de diciembre de 2025 por Nastat.

Talento e investigadores para una economía innovadora

Este esfuerzo inversor no solo elevará la competitividad de nuestro tejido industrial, sino que debería ser capaz de atraer talento. No es una predicción, es una realidad. Las cifras del Instituto de Estadística de Navarra indican que en 2001 la comunidad científica estaba formada en Navarra por poco más de 2.500 investigadores (2.557 para ser exactos) y 25 años después, en 2026, ya son 6.501.

Su conocimiento y desempeño ha de ser puesto, sobre todo, en aquellos nuevos sectores que lejos de ser ciencia ficción ya son realidades en los que AIN venimos trabajando y hablando como la biología sintética, la construcción industrializada, la electrónica, el sector aeroespacial, y por qué no, la Defensa.

La Defensa como motor de innovación

Este es uno de los sectores más intensivos en innovación y cuyos resultados tienen un buen número de aplicaciones prácticas en nuestro día a día. Sin ir más lejos, Internet, cuyo embrión se encuentra en 1969, en plena Guerra Fría, el GPS o materiales como el nylon. A estos ejemplos se suman otros desarrollos como los satélites de comunicaciones, los drones, los sistemas de posicionamiento avanzado o múltiples aplicaciones en ciberseguridad, todos ellos con un impacto directo en sectores civiles como las telecomunicaciones, la automoción, la logística o la salud.

El carácter estratégico del sector hace que los proyectos de I+D+i suelan estar vinculados a colaboraciones público-privadas y a programas internacionales de gran escala, lo que acelera el desarrollo de tecnologías punteras como la inteligencia artificial, los sistemas autónomos, la computación avanzada o los nuevos materiales. En este sentido, el sector no solo contribuye a garantizar la seguridad y la soberanía tecnológica, sino que actúa como un auténtico laboratorio de innovación cuya repercusión se extiende mucho más allá de su ámbito original, permeando en el conjunto de la economía y mejorando la calidad de vida de la sociedad.

El próximo salto económico de Navarra

Navarra ilustra cómo una economía pequeña pero industrializada puede acelerar su posición innovadora cuando los incentivos públicos y la iniciativa privada convergen. Es verdad que partimos desde una excelente posición para que nuestro ecosistema dé el salto de región fuertemente innovadora a otra que sea líder en innovación. Por lo tanto, como región nos toca decidir si queremos ser espectadores del cambio… o sus protagonistas. Porque los milagros económicos no ocurren: se construyen. Y el próximo puede, y debe, volver a empezar aquí.