Hay personas cuya vida explica por sí sola lo que significa el compromiso con la clase trabajadora. Nuestro compañero Félix Jiménez fue una de ellas. Su trayectoria, su manera de pensar y de actuar, y su fidelidad a unas ideas que nunca abandonó hacen que hoy no recordemos solo a un sindicalista, sino a un ejemplo de vida dedicada al movimiento obrero.
Félix fue un luchador antifranquista, un hombre con un alto grado de conciencia política y coherencia que marcó toda su trayectoria. Representó como pocos la mejor tradición del movimiento obrero: la de quienes entienden que la defensa de los derechos de la clase trabajadora exige compromiso, organización y convicciones firmes. Fue un ejemplo claro de esa doble militancia que tantos frutos dio al sindicalismo y al progreso social: la del partido político y el sindicato trabajando juntos por una sociedad más justa.
A lo largo de su vida fue, sobre todo, un constructor de conciencia de clase. Tenía una gran capacidad de raciocinio, era un sindicalista sagaz, con una mirada profunda sobre la realidad social y política, y siempre dispuesto a debatir, reflexionar y aprender colectivamente. Solidario y generoso, fue también —como tantos recordamos hoy— un amigo de sus amigos.
Su vida sindical estuvo profundamente ligada a su sección sindical en Torfinasa, después TRW, donde fue un importante líder sindical hasta su jubilación. Allí, junto a sus compañeros, defendió con firmeza los derechos laborales y la dignidad del trabajo. Su compromiso fue también constante con su federación del metal —MCA y después FICA— y con la UGT de Navarra, organización de la que se sintió parte activa.
Félix nunca entendió la jubilación como una retirada del compromiso. Cuando dejó la fábrica siguió participando con la misma convicción en la vida política y sindical, acudiendo a las asambleas, a las manifestaciones y a los espacios de debate donde se construyen las ideas y las luchas del presente y del futuro.
Félix fue, ante todo, un sindicalista de verdad. De los que no entienden el sindicalismo como una etapa ni como un cargo, sino como una forma de estar en la vida. Nunca se retiró de esa manera de entender el mundo. Pasaran los años que pasaran, siempre seguía ahí: en las asambleas, escuchando y opinando con la misma pasión de siempre; en las manifestaciones, caminando junto a sus compañeros y compañeras; en los debates donde se hablaba de derechos, de justicia y de dignidad para la gente trabajadora.
Participó activamente en momentos importantes de la historia reciente de UGT de Navarra, compartiendo militancia y lucha con referentes del movimiento obrero navarro como José Mari Solchaga y otros importantes compañeros , y protagonizando también la incorporación a nuestra organización en una etapa clave marcada por el liderazgo de Miguel Ángel Ancízar como secretario general de la UGT de Navarra.
Félix se ha ido de repente, sin que hayamos podido despedirnos de él como merecía, sin poder darle las gracias por tantos años de contribución y de ejemplo. Pero quienes compartimos con él camino sabemos que su vida habla por sí sola. Fue una vida dedicada íntegramente a los trabajadores y trabajadoras, una vida coherente, comprometida y profundamente honesta.
En lo personal, siempre le admiré. Tuve además el inmenso honor de contar con su apoyo como secretario general de UGT de Navarra, especialmente en momentos difíciles. Pero, sobre todo, tuve el privilegio de compartir con él conversaciones y reflexiones sobre el futuro del movimiento sindical y del proyecto político socialdemócrata, sobre su importancia para la clase trabajadora y sobre los retos que afrontamos como organización.
A menudo hablábamos de una de las grandes preocupaciones de nuestro tiempo: la pérdida de conciencia de clase entre muchos jóvenes trabajadores. Félix siempre volvía a lo esencial. Su respuesta no estaba solo en las palabras, sino en su propia vida. En su ejemplo de compromiso político y sindical, en su convicción de que la organización colectiva sigue siendo la herramienta fundamental de los trabajadores para defender su futuro.
Hoy, al despedirle, comprendemos que esa respuesta estaba en él y en la forma en que vivió: con conciencia, con coherencia y con una entrega total a la causa de los trabajadores. Félix nos deja su ejemplo, el de quien nunca renunció a sus ideas y el de quien entendió el sindicalismo como una forma de compromiso con la sociedad y con la gente trabajadora.
Desde UGT Navarra queremos trasladar nuestro recuerdo y nuestro respeto. Porque, aunque hoy nos deja, Félix seguirá presente en la memoria de quienes compartimos con él la defensa de los derechos laborales y la esperanza de una sociedad más justa.
Hoy nos despedimos de un compañero leal y de un sindicalista que nunca dejó de serlo. Su recuerdo seguirá vivo cada vez que volvamos a reunirnos para defender los derechos de la gente trabajadora, cada vez que salgamos a la calle a reivindicar un mundo más justo.
Gracias, compañero Félix, por tu compromiso, por tu ejemplo y por la profunda huella que dejas en todos nosotros. Dejas una gran familia de compañeros y compañeras que le respetábamos, que le apreciábamos y que le vamos a echar mucho de menos
No te olvidaremos.