el PSN escenifica en el Parlamento su nueva estrategia: acordar a dos bandas, UPN y oposición. Geometría variable foral. Así, apoyó las débiles reformas fiscales en IRPF y Vivienda pactadas con UPN y sacó adelante la recuperación del Impuesto de Patrimonio con la oposición. También se alineó con esos grupos en la reclamación del pago de la extra de Navidad a los funcionarios o en el mantenimiento de la jornada laboral de los empleados públicos, alentando la imagen de soledad del gabinete de Barcina en su aval a la política de recortes sociales y laborales de Rajoy. Y al mismo tiempo respaldó al Gobierno de UPN en su restrictiva propuesta de financiación municipal y se convirtió en convidado de piedra en la pugna entre UPN y PP por ocupar el espacio de ultraderecha con la Ley de Símbolos. Que, sin pretenderlo, puede acabar señalando a Barcina y Maya. Apretando, pero sin ahogar a Barcina. La propuesta busca recuperar para el PSN la centralidad política, perdida tras años de sumisión a los intereses de UPN. Los socialistas afirman haber enterrado la pretenciosa ubicación política de socio preferente de la derecha, en la que le habían situado la presión de los poderes fácticos conservadores y la sucesiva renuncia a sus valores políticos propios. En realidad, ese camino había asfixiado su credibilidad social hasta situar al PSN en sus peores resultados electorales. Queda saber si la demanda social de cambio en Navarra considera suficiente esa ambigüedad política para relanzar al PSN ante el adelanto electoral. Y tiene el riesgo de derivar en el imposible político de intentar estar al mismo tiempo repicando las campanas y en la procesión.