Síguenos en redes sociales:

La vuelta de...

Leonor B. hasta en la sopa

Leonor B. hasta en la sopaEFE / EP

El titular se lo pueden tomar en sentido literal, puesto que entre la quincallería -ahora llamada merchandising- que se ha puesto en circulación coincidiendo con los grandes fastos, se cuenta una vajilla completa con el rostro de la princesa juradera. “Leonormanía”, titulaba con gran jolgorio una de las cabeceras de la prensa cortesana, que en este caso, me temo que han sido casi todas. Hasta algunos de los medios que más ñiñiñi-ñiñiñi le hacen a la monarquía parecían estar ayer en primer tiempo de saludo. Menos mal que en los digitales del Grupo Noticias apostamos por un titular que rompía la norma: “Leonor jura la Constitución en una anacrónica ceremonia dirigida a lavar la imagen de la monarquía”. No les oculto que fue una de las noticias más vistas en nuestras webs. Haga cada cual su reflexión.

Con y contra la monarquía

En realidad, esa reflexión es la misma que la de la foto de conjunto de todo el sarao: estamos ante una paradoja o, quizá una contradicción (o incluso, incoherencia) de talla XXL.

Pensemos un poco. ¿Qué partido ha actuado todos estos días y, particularmente, ayer, como gran valedor de la continuidad borbónica? No hay más que escuchar el empalagoso discurso de la presidenta del Congreso, Francina Armengol -”hoy la princesa sella su alianza con España”- o asistir a la obsequisidad con semigeniflexiones incluidas de Pedro Sánchez para tener claro que hablamos del PSOE.

Pues ahí tienen el contradiós. El mismo partido y el mismo líder que son acusados cada minuto de perpetrar la ruptura de España y/o de volar el régimen del 78 son quienes en tal jornada como la de ayer estuvieron en primera línea de inclinación de testuz ante la rancia institución. Eso es estar al plato y a las tajadas.

Leemos y escuchamos estos días en labios de representantes de las formaciones que parece que van a propiciar la nueva investidura de Sánchez que esta va a ser la legislatura en la que se abordarán las cuestiones nacionales de Euskal Herria y Catalunya, amén de una formulación alternativa del modelo de Estado. Visto lo visto, no me digan que no hay motivos para desconfiar.