No seré yo quien a afee a UPN que muestre su mosqueo por haber perdido la alcaldía de Pamplona, pero, efectivamente, me sorprende un tanto el nivel léxico de sus acusaciones, que si terroristas, que si escoria, que si ustedes no sé cómo no vomitan de asco por las noches y que si esto que si lo otro. No sé, tampoco me voy a poner a analizar muy detalladamente cada uno de los insultos porque sería caer en su juego y están lejos de la realidad, aunque haya simpatizantes de ETA que voten a Bildu y gente en Bildu, alguna, con pasado en ETA. Pero de ahí a llamarles a todos terroristas media el abismo que media. Como hay simpatizantes de equis que votan a UPN. Pero esa no es la cuestión, sino que quería mostrar mi duda de si este –incluyendo la manifestación de mañana– es el camino idóneo que ha elegido UPN ya para los restos, el del ponzoñismo verbal y político y el del echar mano del lenguaje de las trifulcas para hacer política. Personalmente, puedo entender a Esparza, que rompió Navarra Suma para acercarse a Sánchez y le han hecho la cobra y además doble e incluso triple, pero políticamente este echarse al monte no sé si conduce a ninguna parte, más allá de intentar seguir con la misma cantinela y que hagan seguidismo de esto desde Madrid –lo que ha ocurrido en el fondo– y pase algún milagro que detenga las aguas ahora o en el futuro. O, simplemente, porque bajando el tono el resultado va a ser el mismo y así por lo menos se desahogan. Ya digo que a nivel personal les entiendo, como entiendo el palo sufrido por Ibarrola y su equipo –que son más gente que los políticos– y que ven cómo a los seis meses hay que dejar el trabajo. Comprendo la rabia y el mosqueo. Pero es que, nos guste o no, esto es la política cuando los números dan o, como ha sido el caso de UPN, cuando los números no dan. Y la política parece que lleva ya un tiempo que no va por donde va UPN.
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