El otro día hablábamos de lo perverso que es el mandato de perseguir los sueños que escuchan las y los jóvenes. Primero, porque básicamente es una forma pretenciosa y ñoña de hablar de trabajo y en ese caso hay que hablar de condiciones y, si se quiere, pero muy secundariamente, establecer una relación sana entre sueños y trabajo y así, del mismo modo que todo el mundo entiende que las fantasías sexuales cumplen su papel siendo eso, entelequias que no es necesario materializar, los sueños, sueños son. Aseguremos el trabajo decente y la vida digna y luego, cada cual que sueñe o no, porque seguramente eso también va en temperamentos. Segundo, porque las limitaciones o directamente injusticias acaban haciendo pensar que se sueña flojo, mal, poco o en mal sitio.
En resumen, convertir una necesidad y un derecho en el resultado del cumplimiento de un sueño no es un planteamiento inocente y la certeza de que eso es el pan de cada día me tenía mustia.
Hasta que enciendo el ordenador y la sopa de noticias que me sale al paso me ayuda a reconocer y resituar la melancólica sensación. Y todo gracias a Jennifer López. Leyéndola, lo que parecía tristeza va y es cabreo, un sentimiento más activo que me sienta mucho mejor. Bienvenido. Sintetizando. Para hacerse entender y facilitar un titular, dice: “Soy mujer, soy latina, actriz y cantante. No me pongo límites”. Y se queda tan ancha. Jennifer refleja un modo de pensar y lo realimenta, lo de si quieres puedes. ¿Les suena? ¿Se ponen ustedes en modo Jennifer? ¿Pueden reconocerlo cuando lo escuchan? Intenten adaptar la frase a sus circunstancias y luego hablamos. “Soy …, soy …, … y … ¿No se ponen límites? ¿Y de eso depende todo? ¡Anda ya! ¿Ven lo que les decía?