Leches, junio. Cada año me sorprende más la velocidad a la que se pasan los meses, aunque sea cierto también eso de que muchos días van despacio pero que los años vuelan. Hace nada era septiembre, inicio de curso, y ya estamos en el décimo mes de temporada y último para los columnistas de este periódico. 1 de junio. Hoy cumpliría 52 años el tito Txutxin. Ayer los cumplió C. Todos en la cuadrilla cumplimos, ojalá, 52 este año. Somos la clásica cuadrilla navarra forjada en las primeras aulas del colegio, algunos amigos desde hace 48 años, otros 46, 44 y el más nuevo 35. Txutxin se plantó en los 33 años un día de diciembre de 2005, el día que el último de la cuadrilla en cumplir 33 los cumplía, porque aquel quitamiedos que frenó a su moto y su vida así lo quiso, pero por supuesto seguimos sumándole años al mismo tiempo que cumplimos los demás. Creo que seguiría teniendo muy parecida pinta a la que tenía hace 19 años, era de muy buena genética. Con menos pelo aún que entonces, pero estupendo. Es curioso: nunca me he imaginado cómo sería la vida si siguiese aquí, pero supongo que sería muy similar, con uno más apuntado a todas las comidas y las cenas, porque esas sí no perdonaba una. Por supuesto, los que le quisimos, su familia, su chica y sus amigos seríamos más felices. Perder a alguien que forma parte de tu adn tan pronto y de una manera tan repentina es un golpe que luego la vida te puede dar más veces de diferentes maneras, pero la primera vez te marca para siempre. Es cuando me suelo acordar de una frase que detesto y que usa bastante gente, esa de todo en la vida pasa por algo, que viene a decir que hay un anverso positivo para todo, incluso para lo malo. La gente dice muchas chorradas, claro. Por suerte parece que hemos pasado los peores años de ataque de los Mister Wonderful y cía, pero quedan aún algunos. Felices 52, tito, aún vas a tener que esperar.
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