La imagen del escudo del zazpiak bat con seis de los territorios que forman parte del concepto histórico y cultural que refleja desde hace siglo el término Euskal Herria borrados, queda como símbolo el de Navarra, y la sustitución de esa expresión por la de Euskal Pilota en el frontón de Villava-Atarrabia tras una sentencia judicial del TSJN que avaló en marzo una denuncia de UPN –lo contrario hubiera sido noticias–, es otro ejemplo de que aún permanecen sombra en la política navarra en las que el ridículo político y el bochorno judicial deambulan sin rubor alguno. Casi siempre se refugian en asuntos vinculados al euskera, la cultura y la identidad vascas que forman parte originaria de Navarra. Es absurdo, cansino y, sobre todo inútil. Ni esta sentencia ni ninguna otra puede eliminar de un plumazo lo que traslada de la realidad histórica de Navarra el significado cultural de la palabra Euskal Herria. Ni su presencia en libros o mapas de hace siglos. En este caso, la orden de borrar el escudo del frontón referido a la pelota vasca intenta la idiotez de ocultar que estaba allí –como en otros muchos frontones s y lugares de Navarra–, como símbolo recordatorio de los territorios en los que este juego tiene su origen y su arraigo. Ya junté unas letras hace unos meses sobre el argumentario con el que la sala de lo contencioso-administrativo fundamentaba su fallo –farragosa y en un pésimo castellano como suele ser habitual en estos temas–, y sobre la táctica de lluvia fina constante de UPN denunciando en los tribunales cuando no tiene mayoría democrática en las instituciones con cualquier pichorrada vinculada con la cultura y la lengua propias de Navarra en un intento desesperado de trasladar sus obsesiones ideológicas al ejercicio de la política. De hecho, vistos los resultados electorales en Villava no parece que el Ayuntamiento necesite hacer proselitismo político alguno en ningún sentido. Y vista la progresiva pérdida de apoyos electorales de UPN en esta localidad parece que la utilización de un símbolo cultural histórico navarro como es el escudo con el zazpiak bat como instrumento de confrontación política tiene más que ver con su propia necesidad desesperada de hacer proselitismo llamando la atención con lo que sea. Ese escudo ha ocupado y ocupa desde hace décadas espacios públicos e institucionales por toda Navarra, incluidos los años de la dictadura franquista. Un símbolo geográfico y cultural –en algunos documentos también político–, presente con absoluta normalidad hasta que hace pocos años atrás la política y la justicia impulsaran de la mano una cruzada particular contra toda aquella simbología que simplemente no les gusta y no coincide con su propia visión de lo debe ser Navarra. Quizá UPN debería dejar de lado esta política de mínimos sustentada sobre ocurrencias y nimiedades que no aportan nada a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos –en este caso de Atarrabia–, y que tampoco tienen posibilidad alguna de enterrar esta parte de la memoria de la historia y cultura de Navarra y buscar un espacio de propuestas y acuerdos que forme parte de la actual realidad institucional, política, social y económica de Navarra. Pero es más fácil tirar de desatinos que no pasan de victorias pírricas –augurio de derrotas–, que poner en marcha una reflexión política profunda sobre ello.