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Mesa de Redacción

Félix Monreal

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Las palabras en latín me evocan las misas tridentinas en los años sesenta en una iglesia a media luz. El sacerdote, que oficiaba de cara al altar, se giraba y saludaba a los parroquianos con un dominus vobiscum que recibía la respuesta a coro de et cum spiritu tuo. Era algo mecánico y dudo que muchos feligreses supieran el significado de lo que oraban. Años después, quien sería mi suegro, que tenía mucha sorna, hacía su particular versión del Tantum ergo y allí donde decía et antiquum documentum él lo transformaba en santísimo ayuntamiento, obligando a contener la risa a quienes nos refugiábamos, ya mayorcitos, en la última fila. El latín ha estado en este enero en boca de todos con la palabra del mes: ómnibus.

La tilde sobre la o solo tiene el matiz de transformar el para todos de la traducción original en el vehículo de transporte de personas en el que caben todos. De ahí al decreto ómnibus con subida de pensiones, descuentos en el transporte o ayudas por la DANA solo va un paso, o un pleno del Congreso, o una cita del Gobierno con Junts, que todo cabe en la aritmética política. Ahora bien, para decretos ómnibus los de Trump, amenazado de sufrir una artrosis en la muñeca de tanto estampar la firma en documentos que lo mismo prohiben la presencia de personas trans en el ejército que deporta inmigrantes en masa o retira el acuerdo climático de París. Desde que asumió la presidencia, el tío no para. En fin, como dijo Cicerón: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Si nuestra profesora de latín en el instituto, Josefa Cereza (apodada la Chereca), levantara la cabeza...