Navarra lanza su 2º Plan de Convivencia que mantiene el camino iniciado para avanzar en la memoria democrática de todas las víctimas, sometido ahora a la participación social y política. Es cierto que la gestión de la convivencia en todas sus dimensiones no es una de las causas que mayores réditos políticos o electorales traiga bajo el brazo, pero cultivar la convivencia, el respeto al semejante, y la participación colectiva en la recuperación de la memoria de las víctimas del terrorismo o de otras violencia políticas o sociales consigue formar conciencias preparadas para edificar una estructura social sin complejos y sana.

La realidad ya es suficientemente testaruda como para esquivarla. Todos los días el desayuno queda empañado por noticias teñidas de violencia e incomprensión. Navarra es una tierra que en los últimos casi 100 años ha sido asuelada por violencias y terrorismos diversos, desde la masacre franquista de 1936 al terrorismo de ETA, al terrorismo de Estado y de extrema derecha y a otras violencias parapoliciales, torturas y malos tratos y en ese amplio y complejo escenario no es fácil incidir en la lucha contra las culturas de la violencia que aún subyace en diversos sectores sociales que buscan cada uno desde sus propias verdades absolutas falsas imponer al conjunto de la sociedad un relato de parte política o partidista interesado.

Se ha recorrido mucho camino en los últimos años y Navarra es, sin duda y sin complejos, la comunidad que más ha construido y más ha avanzado en el ámbito del reconocimiento, la memoria, la educación y la reparación a las víctimas y se han dado pasos institucionales, sociales y educativos fundamentales para poner fin a la diferenciación asimétrica entre víctimas de primera y víctimas de segunda. Pese a ello existen aún sectores sociales que se niegan a aceptar la autocrítica por sus pasados respectivos y siguen ofreciendo muestras de intolerancia, sectarismo, fanatismo y desprecio por el sufrimiento ajeno, desprecio a las otras víctimas que no consideran de las suyas y ahora también crece cada vez más el desprecio a las víctimas por su condición de diversidad, ya sea sexual, étnica, socioeconómica o religiosa.

El reconocimiento y la reparación de las víctimas y de la realidad objetiva de violencias pasadas y presentes son dos pasos claves en la consolidación de la memoria frente al olvido y la base de la convivencia democrática. Negar la verdad es simplemente una deshonrosa falta de empatía con las víctimas de la violaciones de derechos humanos sean quienes sean y sean quienes sean los responsables. Se trata de dar un paso más en el camino emprendido y de acordar un modelo de actuación basado en la dignidad, la deslegitimación de la violencia, la defensa de todos los derechos humanos y el respeto y asunción de la pluralidad y la diversidad como elementos que nos enriquecen como sociedad navarra. Es ese suelo compartido, sin exclusiones pero exigente en los principios que lo inspiran, el que debe animar todos los aspectos de este 2º Plan de Convivencia tanto en el ámbito de la convivencia como en los de derechos humanos en los que se basa una sociedad democrática. Los consensos por estas tierras, a cualquier nivel y sobre cualquier tema, son complicados, pero en este caso el camino merece la pena.