Todos los premios literarios se parecen, pero ninguno es igual al resto. También muchas novelas se semejan entre sí, pero cada una es un mundo. Lo mismo que los escritores y escritoras, que tratan siempre de reforzar lo que les diferencia, lo que les convierte en únicos de alguna manera, lo que les hace tener su propia voz en medio del ruido del actual mercado literario. No es fácil lograr esa voz. Y menos plasmarla en un buen libro y que éste se venda.
De ahí la importancia de los premios, esos trampolines para lanzar a los autores tratando de alcanzar a nuevos públicos. Pero es verdad que entre los premios también hay categorías y los hay incluso de otro planeta por su dotación. Esta semana se ha fallado uno de los galardones literarios de mayor prestigio, El Nadal, un premio curiosamente con una cuantía modesta que dista mucho del millón de euros del Planeta.
Entre los dos hay tanta distancia económica como literaria a juzgar por los escritores que los han ganado en estas últimas ediciones. Ahí queda el televisivo Juan del Val, con su novela Vera, en uno de los Premios Planeta más cuestionados que se recuerdan y con razón. Y ahora se suma al Nadal, David Uclés con La ciudad de las luces muertas, el escritor de La península de las casas vacías, ese éxito editorial, publicado por Siruela, que convirtió al autor en un fenómeno literario y lo sacó del anonimato en el que llevaba años sumergido en su lento proceso de escritura. Quince años le costó su novela anterior y cinco ha invertido en la ganadora de un certamen al que había concurrido varios años.
Con este Nadal, que publicará Ediciones Destino, también del grupo Planeta, se repite la estrategia editorial para robarse autores de una a otra. Solo que esta vez en ese universo planetario los y las lectoras salen ganando.