Era viernes a media tarde y César Álvarez, de 54 años, regresaba a casa cargado de recados y después de tomar un café en el Feliciano, en la avenida Marcelo Celayeta de la Rochapea. Este cabo de tráfico de la Policía Foral, con 31 años en el cuerpo, tuvo una actuación crucial de paisano después de aquel café y por ello ha sido reconocido este sábado en el acto principal de la Día de la Policía Foral con una medalla al mérito policial. César se quiere quitar importancia, pero lo cierto es que salvó la vida a una mujer de mediana edad al actuar de forma decidida ante un octogenario que la atacó con un cuchillo en plena calle. Ocurrió en la calle Joaquín Beúnza el pasado 9 de enero y el agresor ingresó en prisión al estar a punto de matar a la víctima.
"Había que actuar sí o sí"
El policía foral aceleró el paso por la acera al escuchar unos gritos y un cierto tumulto de gente. “Veía una discusión acalorada y un forcejeo entre dos personal. Conforme me iba acercando, veía que el asunto era grave y empezaba a tomar un cariz que no me gustó nada”, recuerda el homenajeado. César observó cómo un hombre portaba un cuchillo cebollero en su mano y acometía contra la víctima. “Hacía ademán para pinchar a la mujer en el abdomen, ella se zafaba pero él seguía erre con erre. Fue cuando dejé todo lo que llevaba encima e intenté actuar con seguridad. Lo inmovilicé, le quité el cuchillo y me puse en posición de seguridad. Alguien había telefoneado ya a SOS Navarra y la mujer estaba tumbada en el suelo, con una hemorragia y varios transeúntes intentaban taponarle la herida con pañuelos”.
Recuerda que ante la urgencia de la situación, les instó a trasladar a la víctima a la cercana clínica de Padre Menni para que le atendiera algún sanitario a la espera de la ambulancia. Poco después a ella la trasladaron a la UCI del hospital y tanto la Policía Nacional como la Policía Foral se hicieron cargo del arrestado, al que César había tenido inmóvil durante tres minutos.
Después de toda una vida en Tráfico, en el día a día de su profesión a César le han tocado algunas situaciones en las que actuar fuera de servicio, con carteristas en San Fermín o echando mano en algún accidente, pero nada que se pareciera a lo que vivió el pasado enero. “Fue una situación grave, con una herida con arma blanca y en la que había que actuar. En ese momento no discerní nada más, había que tirar para adelante. Por suerte no tuve dudas, reaccioné con sangre fría y estuve sereno, quizás por eso pudo salir todo bien”.