España vive una situación insostenible, proclaman desde la derecha. La Fundación FAES, el laboratorio de ideas que dirige José María Aznar, ha puesto la firma a un análisis demoledor que da contexto a sus palabras. Para el think tank la raíz del problema actual está en el excesivo control que el Estado ejerce sobre la economía y el día a día de los ciudadanos. España va bien solo cuando gobierna la derecha.

La Fiscalía General del Estado ya alertó el año pasado de la excesiva crispación y polarización de los discursos políticos, con graves descalificaciones al adversario que están generando una innecesaria tensión que se traslada a la sociedad y que, además, constituyen un caldo de cultivo para la violencia en las calles. En su memoria de 2004, la Fiscalía asegura que observa con preocupación una excesiva crispación y polarización de nuestros políticos. Discursos políticos que, a modo de ver de la Fiscalía, generan una innecesaria tensión que se traslada inevitablemente a la sociedad y que constituyen lamentablemente el caldo de cultivo para la comisión de comportamientos intolerantes y en ocasiones violentos en nuestras calles. La Fiscalía ve imperioso rebajar la agresividad verbal y recuperar la adecuada serenidad que ha caracterizado siempre el debate político en la democracia española, sin que se tenga que renunciar a la legítima discrepancia en el ejercicio de los principios y derechos constitucionales, como el pluralismo político, la libertad ideológica o la de expresión.

La polarización política y la crispación social está avanzando en España y esa polarización y desconfianza hacia las instituciones, acompañada de un clima de confrontación pública que erosiona la cooperación entre fuerzas políticas, parece no tener límites. La sensación general es que España va mal, lo cual contradice las predicciones de la Unión Europea sobre España. Ni siquiera la crisis de precios energéticos de la guerra de Irán parece afectar a la economía española, porque la Comisión Europea ha vuelto a subir las previsiones de crecimiento del PIB español al 2,4% en 2026, una décima más que las predicciones del pasado otoño, según el paquete económico presentado por la Comisión hace unos días. La fortaleza de la economía española sorprende. Es el único país al que la Comisión eleva las previsiones de crecimiento para este año. La Comisión asegura sobre España que a pesar del incierto entorno geopolítico y del lastre ejercido por los elevados precios de la energía, se prevé que la actividad económica se mantenga relativamente dinámica en 2026, donde la demanda interna está llamada a liderar el crecimiento económico en 2026 y 2027, impulsada principalmente por el crecimiento del consumo privado y de la inversión.

Bruselas calcula que el PIB español avanzará un 2,4% en 2026 y un 1,9% en 2027, en un contexto europeo marcado por la desaceleración económica, el encarecimiento de la energía y la incertidumbre asociada al conflicto en Oriente Medio. La previsión española contrasta con el crecimiento estimado para el conjunto de la eurozona, que será del 0,9% en 2026 y del 1,2% en 2027, según el mismo informe comunitario. La diferencia con el resto de grandes economías europeas es notable. Bruselas prevé que Alemania crezca un 0,6% en 2026 y un 0,9% en 2027; Francia, un 0,8% y un 1,1%; e Italia, un 0,5% y un 0,6%, respectivamente. España queda así claramente por encima de sus principales socios del euro en el horizonte de previsión.

La realidad es que España continúa posicionándose como la locomotora económica de los grandes países del euro. El análisis del Ejecutivo comunitario es optimista en lo que respecta a la economía española pese al impacto de los precios de la energía y la inestabilidad derivada del conflicto en Irán. La creación de empleo se mantiene como uno de los grandes motores de la economía española. El empleo crecerá un 2,3% en 2026 y un 1,4% en 2027, frente al 0,4% en ambos años de la zona euro. La tasa de paro se reducirá al 9,9% en 2026 y al 9,6% en 2027, bajando del 10% por primera vez desde la crisis financiera.

La nota positiva de España no es correlativa al resto de la eurozona. La Comisión Europea atribuye la resistencia de la economía española al impulso de la demanda interna, apoyada en el comportamiento del mercado laboral y en el crecimiento de la inversión. En el primer trimestre de 2026, el PIB real español creció un 0,6%, según recoge Bruselas, que prevé una moderación progresiva del crecimiento en 2027, pero manteniendo tasas superiores a la media europea.

España ha cumplido con las expectativas de Bruselas en términos de déficit público, cerrando el ejercicio de 2025 con un déficit del 2,4% del PIB, lo que representa una mejora significativa en comparación con años anteriores y el nivel más bajo desde 2007. Este resultado ha sido posible gracias a un esfuerzo de consolidación fiscal y ha permitido a España cumplir con el objetivo fijado por la Comisión Europea, que establecía un límite del 2,5%.

En cuanto a la deuda pública, Bruselas prevé que España vuelva a situarse por debajo del umbral del 100% del PIB, con una ratio del 99,6% en 2026 y del 98,9% en 2027. La Comisión apunta que la reducción del déficit en 2027 se apoyará en el menor coste de las medidas temporales y en la finalización de parte de las respuestas extraordinarias adoptadas ante la crisis energética y las inundaciones.

España va por el buen camino y la sociedad española acabará exigiendo responsabilidades a la derecha por no haber apoyado la reforma laboral de 2022 que tanto éxito está trayendo al país.

El autor es economista