Ha sido el tema de conversación de esta semana en Navarra. También en la política. Los extraños altercados en El Sadar tras la histórica victoria de Osasuna contra el que era el líder, el Real Madrid, se saldaron con algo más que varios heridos –Sadar Bizirik habla de una treintena de golpeados– entre aficionados y policías y dos detenidos.
Las cargas policiales tras el partido han avivado también un debate sin resolver en el seno de los socios del Gobierno de Navarra, y han ‘arrollado’ al primer partido del Ejecutivo, el PSN.
Solo la repercusión que iba ganando el episodio y la presión de los socios ha conseguido modificar el posicionamiento inicial. Si el lunes por la mañana el PSN apoyaba abiertamente a la policía y mantenía en el cajón de los desacuerdos la posibilidad de que el cuerpo estatal dejara de vigilar El Sadar, la semana termina con los altos cargos socialistas mostrando dudas sobre la actuación policial y abiertos a que sea la Policía Foral quien asuma la seguridad ciudadana en el estadio, punto sobre el que existe una discrepancia pública entre socios al menos desde 2023. Por el camino, un rosario de declaraciones distintas entre varios altos cargos socialistas que hablan de todo menos de una postura unitaria.
Partimos de que todo lo que ocurrió tras el partido del sábado fue raro. El detonante fue el lanzamiento de una botella de agua vacía, sin tapón y arrugada –según el acta del partido– al terreno de juego. No es un hecho tan raro en el fútbol profesional y los clubes tienen previstos unos protocolos que funcionan bien y son efectivos. Lo que suele pasar en El Sadar es que la videovigilancia localiza al autor del lanzamiento. Al finalizar el partido, personal de seguridad apoyado por la policía inicia un seguimiento del sospechoso, al que suelen identificar y proponer para sanción ya lejos del estadio, para evitar que una actuación policial a destiempo pueda generar una tensión innecesaria en un evento que concita a más de 23.000 personas.
Es todo lo contrario a lo que sucedió el sábado. A diferencia de otras ocasiones, la seguridad trató de identificar al presunto autor del lanzamiento justo al finalizar el partido, con toda la gente todavía dentro del estadio. Hubo problemas y la seguridad, superada, pidió ayuda a la Policía Nacional, que entonces actuó con una contundencia pocas veces vista en El Sadar. Las cargas a porrazos y los tiros de salva provocaron escenas de angustia, apelotonamientos, carreras y caídas entre aficionados de todas las edades. No hubo una desgracia de milagro.
Discrepancias en el Parlamento de Navarra
El lunes por la mañana, todos los partidos políticos fijaron posición sobre el tema del fin de semana. Contigo Zurekin, EH Bildu y Geroa Bai mostraron su preocupación por los hechos. Pablo Azcona (Geroa Bai) habló de “desproporción”, de hechos “muy graves”; Mikel Zabaleta, de EH Bildu, de “riesgo para miles de aficionados”. Carlos Guzmán, de Contigo Navarra dijo que pudo haber sido “una tragedia”, porque durante “largos minutos los pasillos internos se convirtieron en una ratonera”. Incluso UPN, que siempre suele posicionarse del lado de los cuerpos policiales, prefirió un perfil bajo.
Javier Esparza no quiso opinar y abogó por revisar bien las imágenes y aclarar lo sucedido “para que todos aprendamos” y “no vuelva a ocurrir”. La más ambigua de todas fue la declaración del portavoz del PSN. Kevin Lucero condenó los hechos y llamó a la convivencia y al diálogo. Preguntado al respecto, optó por una declaración extraña: “Ahí está encima de la mesa la actuación, y desde luego nuestro respeto y nuestro apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.
Conforme iban sucediéndose las declaraciones, partidos y periodistas se preguntaban por el posicionamiento de la Delegación del Gobierno, responsable de la Policía Nacional. Alicia Echeverría, la máxima autoridad policial en Navarra, no habló hasta el martes. Lo hizo en una televisión. Allí defendió unas cargas “proporcionadas y adecuadas”, justo en la víspera de que Osasuna reuniera a su junta para decidir la puesta en marcha de una investigación interna para aclarar lo ocurrido, anuncio que hicieron en un comunicado en el que ya mostraban el malestar que harían patente el viernes, cuando el club avisó de que se personará en la causa que se abra.
Las de Echeverría fueron las últimas declaraciones del PSN a favor de la actuación, porque el miércoles en sesión de Gobierno el vicepresidente primero, Javier Remírez, da un giro al posicionamiento socialista: prefirió no valorar la actuación, ensalzó el buen comportamiento general del público y dijo que hubiese sido deseable que la detención de la persona que arrojó la botella se hubiese hecho de la manera más cívica posible. Y por último, una adhesión bien significativa: la disposición del Gobierno foral a apoyar peticiones como la de Contigo Zurekin, y que sea la Policía Foral quien se encargue de la vigilancia de El Sadar, no la Policía Nacional. El giro, en 48 horas, revela cómo el episodio policial de El Sadar ha pillado con el pie cambiado al primer partido de Gobierno, al que solo la repercusión social del caso ha hecho virar su opinión.