La senadora revelación de 2025 revela lo que menos le gusta de la presidenta de su partido y líder de su grupo municipal: “A veces, su intensidad”. Puede entenderse como un discurso vehemente e impulsivo. Es la opinión de María Caballero sobre Cristina Ibarrola. Con un matiz en la percepción: “Creo que tiene un caparazón que le hace parecer más dura de lo que realmente es”. María Caballero disfruta de una tribuna de notoriedad política y parlamentaria de largo recorrido: la portavocía de UPN en la comisión relacionada con el caso Koldo (la nomenclatura oficial ocupa medio centenar de palabras).

Primera interviniente en cada comparecencia y media hora de interrogatorio a su disposición, con difusión directa por el canal del Senado y directa o diferida por varios canales de YouTube. Es también portavoz en otras nueve comisiones de la Cámara Alta, donde el PP tiene una mayoría absoluta que ejerce de forma implacable. La citada distinción de la Asociación de Periodistas Parlamentarios y diversas entrevistas en medios nacionales han amplificado su proyección.

Por el contrario, Ibarrola, fugaz alcaldesa de Pamplona defenestrada por moción de censura, trata de hacerse notar en redes sociales, en vídeos promocionales de partido, en artículos de opinión propios y la asunción de afines, y con la asistencia a actos sociales porque carece incluso de la portavocía política correspondiente al líder de la oposición en el Parlamento Foral. Hasta el alcalde Asiron, una obsesión en la lucha política de Cristina Ibarrola, sale mejor parado en la confesión sentimental de Caballero: “Puede ser majo cuando deja la militancia”.

La “intensidad” de Ibarrola ha deparado gestos toscos, despectivos, hirientes, clasistas. La remodelación de Chivite le ha dado munición: “Aparta críticos, se rodea de palmeros. Taberna no se fía de la sombra de corrupción. Últimos estertores de su Gobierno. Fin del sanchismo en Navarra”. Cristina Ibarrola, en modo intensidad.