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El farolito

F.L. Chivite

El obsoleto

El obsoletoPIXABAY

Estamos ahí, un día más, en la terraza del Torino, Lucho y yo, y de repente me dice que está en crisis. Así que le digo que yo también. Pero no me oye, creo. O eso parece. Dice que, como hoy en día todo está en crisis y todo el mundo está en crisis, si no estás en crisis, te quedas obsoleto. No dice anticuado, dice: “obsoleto”. ¿Y quién lo dice, precisamente? Lucho, el obsoleto. Así es la vida.

La vida es muy graciosa, si la miras con buenos ojos. Lucho quiere estar en crisis para no sentirse desplazado, esa es su cuestión. Para sentirse integrado en una sociedad en la que todo está crisis. Tal es el poder del grupo.

No obstante, claro, qué remedio, a veces tienes que hacer lo que hacen todos, claro. Aunque sea sin ganas. Si todos están en crisis, uno tiende a creer que lo mejor será estarlo. O tal vez fingirlo bien. Lo malo es que no suele ser necesario fingir mucho, ya que crisis hay tantas y son tan variadas que seguro que ahora mismo estás padeciendo unas cuantas.

Sin saberlo, digo. No tiene por qué ser solo una. De hecho, nunca suele ser solo una. Lo normal es padecer tres o cuatro, a la vez. Porque hay distintas clases y, en cada clase, distintos niveles. El hecho de que padezcas, por ejemplo, una crisis de identidad del tipo que sea (nacional, sexual, etc), no impide que a la vez estés sufriendo una crisis de carácter económico y otra de pareja.

A las crisis, les suele gustar juntarse y hacer cosas alocadas. Pero, a ti, ¿qué tipo de crisis te gustaría tener?, Lutxo, viejo gnomo, le pregunto. Y me dice que él se conformaría con tener la crisis de los cincuenta. De modo que le recuerdo amistosamente que está a punto de cumplir los sesenta y siete. Y me contesta, como susurrando, que la edad se lleva en el alma. Él, el obsoleto.