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Esperando a Aimar

Esperando a AimarJavier Bergasa

Aimar destaca por lo que ofrece en cada jugada y, sobre todo, por la ilusión que genera cada vez que encara la portería rival. En el partido de Montilivi cazaron al entrenador del Girona, Míchel, quieto, embobado, viendo una arrancada del de Arazuri. Solo le faltó aplaudir, pero no se atrevió porque se dio cuenta que, a su pesar, no era de su equipo y se puso serio.

Aimar ha convertido el caracoleo en un arte, viene a recibir, amaga por aquí, amaga por allá, se escurre, se para, vuelve a arrancar, vuelve a engañar… y cada gesto suyo parece un desafío a la lógica. Tiene que ser un tormentotenerlo enfrente en los entrenamientos, desorientando a todos como si la gravedad jugara a su favor.

Pero esa magia tiene un coste, demasiada exposición a las patadas de quienes intentan frenarlo como sea. A veces arriesga más de lo necesario e incluso reabre guerras que ya estaban ganadas. Lejos del área es más vulnerable y recibe más golpes, porque los defensas no temen que les piten penalti. Asumen más riesgos cuando saben que el castigo es mínimo, y ese exceso de agresividad termina convirtiéndose en una amenaza de lesión para Aimar.

En las proximidades del área, en cambio, esa vulnerabilidad cambia de bando y se pone a favor. Los mismos defensas se contienen y evitan contactos al límite del reglamento por miedo a provocar un penalti. Y ahí es donde se deciden los partidos y solo los elegidos se atreven a pensar y encontrar espacios donde los demás solo vemos piernas. Para atreverse a entrar en esa zona de alto riesgo hay que estar muy seguro de uno mismo y esto no pasa todo el rato, pero en caso de conseguirlo garantiza un gol o una asistencia o casi.

Los muy cafeteros no nos conformamos con todo lo demás y queremos verlo allí, donde la probabilidad de tener éxito es baja pero el premio de tenerlo es muy alto. Allí, en lo casi infinitesimal se decide el fútbol. En esos lugares donde casi nadie quiere entrar, donde hasta respirar resulta difícil, excepto para los elegidos. Y él lo es. Uno de ellos. Por eso allí, justo allí, le esperamos.

*El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA.