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Vaya bolongo

Ana Belasko

San Nicolás

Clientes en las terrazas de San Nicolás durante un juevintxoIban Aguinaga

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Siempre se ha poteado en San Nicolás. Mi memoria me lleva a un gran frito de calamares, sentada junto al ventanal del Ulzama, continúa años después en las cenas de viernes en el antiguo Baserri y más… Somos miles quienes tenemos nuestro propio trayecto por esta vía pamplonesa en la que, además de muchos hosteleros, tenían su sede variados comercios de alimentación, una gran tienda de electricidad y otras de juguetes, deportes, zapatos, ropa, fotografía, colchones y hasta una armería y una cerería. Ahora, en 190 metros hay 21 bares.

Al menos eso dice la revista Viajar que –entiendo– por semejante motivo (bajera-bar, bajera-bar, bajera-bar) y por una “cocina tradicional, esmerada, de la tierra y repleta de manjares” asegura que “la mejor calle de España para irse de tapas”, “el lugar donde la gastronomía española se convierte en un paraíso” es nuestra querida San Nicolás. Habrá quienes se sientan orgullosos de la reseña, incluso muchos sin relación alguna con la propiedad de los citados 21 bares. La verdad es que los intensos y constantes problemas y molestias que semejante monocultivo genera entre el vecindario, esta manera de entender la ciudad, me horrorizan. Todos cómodos y felices de pintxos –que no de tapas– en una acera y los moradores de la calle que se jodan.