Los dylanitas, como toda secta, tenemos nuestros ritos. Uno de ellos es buscar parecidos a las canciones. Tenemos –unos más que otros– tan estudiado el cajón de canciones de El Maestro que casi cualquier cosa que sale a la calle y que nos recuerda mínimamente a alguna tonada suya enseguida nos ponemos a calentar el chat de whatsapp. Nos ha pasado con la última canción de Bruce Springsteen –Calles de Minneapolis– al hilo de los dos terribles asesinatos cometidos por la policía de fronteras y de inmigración de Trump, un tema que el propio Springsteen reconoce haber compuesto en pocas horas y que narra los hechos y los denuncia.
Para nosotros es más que obvio que la estructura y el tono es muy similar al Chimes of Freedom –Campanadas de Libertad– de Dylan, una maravillosa canción de 1964 que cuenta con numerosas versiones y que el propio Springsteen ha cantado muchas veces. Aunque también tiene momentos que recuerdan a Desolation Row, también de Dylan, o a un propio tema de Springsteen, la oscarizada Streets of Philadelphia, y temáticamente por supuesto tiene asociaciones con la famosa Deportee –Deportados–, de Woody Guthrie.
A mí personalmente la canción me parece irregular, pero muy valiosa políticamente, en tanto en cuanto planta cara a unos hechos lamentables, que han ocurrido precisamente en el estado en el que nació Dylan –nació en Duluth, creció en Hibbing y estudió un año en Minneapolis antes de marchar a Nueva York a iniciar su relampagueante carrera musical–. Springsteen no es Pete Seeger, no es Woody Guthrie o Johny Clegg o Billy Bragg, por nombrar a unos pocos cantautores comprometidos socialmente desde sus inicios. Pero es una estrella de rock que usa su poder para tratar de influir en la realidad, al menos en los últimos años. Y eso, con mejor o peor fortuna musical, siempre es de agradecer cuando el panorama se pone tan sombrío para los más indefensos.