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Señora Guillou

Señora GuillouPol Lloberas Cardona / EFE

En la era de Epstein, cuando el mundo descubre horrorizado a sus nuevos monstruos, entre ellos príncipes, magnates y presidentes, emerge con fuerza el coraje de Gisèle Guillou, nombre de soltera de la señora Pelicot, drogada (con lorazepam y zolpidem) por su marido Dominique para que la violaran más de 80 “hombres corrientes” a lo largo de diez años en el pueblo provenzal de Mazan.

Pidió que el juicio a aquellos criminales fuera público, porque por encima de su intimidad estaba que todos supiéramos que “la vergüenza había cambiado de bando”. La revista Time la nombró Persona del Año en 2024. HBO hará una serie para adaptar el reciente libro de Gisèle, acertadamente titulado Un himno a la vida, en el que expone el contexto familiar y social necesario para comprender su sufrimiento. Es importante que la gente despeje las dudas de cómo ella no se dio cuenta de lo que ocurría ante los continuados abusos y cómo es posible que haya hombres capaces de violar a una mujer dormida y que el marido disfrutara con ello (esta crueldad se llama candaulismo). Ella lo aclara: “Dominique añadía un potente relajante a las pastillas para dormir, así que mi cuerpo se distendía, se dilataba, lo que explicaba que no me doliera nada al día siguiente.”

Y sobre el salvajismo de los que la violaron, escribe: “Tenían mujer e hijos, eran hombres de diversas edades y profesiones, hombres como los que nos cruzamos a diario. Y muchos decían que no habían hecho nada malo”. Estamos igual que durante el nazismo con la banalidad del mal. ¡Qué poco son 20 años de cárcel! Hoy la señora Guillou va resurgiendo en la isla de Ré, lejos del lugar del terror, y tiene nueva pareja: “Para luchar contra el vacío, necesito amar.” Su dignidad merece una gran película o una conmovedora serie.