Las esperanzadoras noticias que anuncian una inversión de 400 millones de euros y la creación de 765 puestos de trabajo –y 300 más en una segunda fase– para la puesta en marcha de una planta de baterías en las que recargar energía no se sabe muy bien cómo habrán caído en las filas de la oposición.

De cara al exterior, esta clase de asuntos se despachan con el clásico es positivo, aunque veremos en qué queda pero no tengo ninguna duda de que internamente algunos y algunas políticas de UPN y PPN no habrán sentido satisfacción alguna. Y no es una crítica, es simplemente que el principio casi básico de la política es ese: que no le vaya bien al rival es la única manera casi posible de que a ti te vaya bien.

Es una reacción, por tanto, humana, que podría ser trasladable a todos los grupos, en la medida en la que quienes ahora mandan hace unos años estaban en la oposición y no digo que celebrasen pero seguro que no sufrían cuando a UPN y su travesía de poder de casi 25 años se le descalabraba o enredaba algún proyecto.

La política es esto, así que no es sorprendente que en las filas de Cristina Ibarrola sigan más pendientes de sus arietes: la amenaza vasca, la división ante los actos del día frente al terrorismo, el caso Cerdán y sus ramificaciones y, en general, todo lo que viene de ese lado de la actualidad política, con un poco de listas de espera por aquí, otro poco de vivienda por allá y un poco de fuga de empresas y de talentos.

La hoja de ruta de UPN no ha variado apenas en todos estos años y no parece que Cristina Ibarrola, habida cuenta del colmillo mostrado este último lustro, vaya a distinguirse un ápice de lo que en su momento marcó Javier Esparza. Dicho eso, a mí también me gusta la prudencia en esta clase de noticias, por lo que, aunque todo parece tener una pinta fantástica, esperemos a que se haga realidad. Necesitamos llegadas industriales así.