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Tiempos de guerra

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Escribo esto sin saber el resultado de esas elecciones tan relevantes: hablo de los Oscar. Tampoco sé qué habrá pasado en Castilla y León o en el Barça ni cómo se habrá incrementado el precio del barril de petróleo ni cuántos nuevos asesinados en las últimas horas en Oriente Medio. No hay forma de hacerse una opinión y componer con ella 1.800 caracteres con espacios a tiempo porque la realidad nos atropella. A mí el otro día se me cayó una botella y me dio justo en el dedo anular del pie derecho.

Creo que fui yo mismo el que colocó el pie ahí para evitar que la botella se estampara contra el suelo. Por supuesto no sirvió de nada: el culo de la botella me machacó el dedo, afortunadamente sin romper ningún hueso, y luego la gravedad hizo el resto, haciendo que la botella se fragmentara lanzando cientos de añicos en cualquier dirección y desparramando el verdejo por el suelo. Cuando la realidad te asalta ¿cómo establecer una opinión fundamentada, cómo indignarse con razones? Tras cuarenta años en la OTAN parece ya imposible seguir empeorando como lo hacemos.

Aún así estos días hay que manifestarse, contra el machismo y el patriarcado, contra la guerra interesada y sin el mínimo consenso o base jurídica; contra quienes siguen haciendo usura y beneficio en estas situaciones, a menudo con connivencia y corrupción de quienes deberían evitar precisamente esos atropellos.

Lo único que no me despierta queja o manifestación son precisamente las pelis de Hollywood, porque veo que, salvo excepciones de cineastas independientes o nada estadounidenses, ese producto ha dejado de interesarme. Ni las franquicias ni los zombies racializados me despiertan ya el mínimo interés en estos tiempos de guerra. Tampoco el fútbol o en el fondo un hematoma en el dedo.