Son días de autobombo y orgullo, de algunos aspavientos y gesticulación exagerada. La Semana Santa y sus protocolos siempre han sido un buen momento para hinchar el pecho. Para muchos, ahí están la profunda serenidad y la fuerza de las figuras que componen un paso castellano o el hondo grito de una tierra que surge de los tambores de Calanda. ¡Y qué decir de Sevilla! A lo largo de estas jornadas, cada esquina luce sus mejores galas y, de punta a punta, los seguidores incondicionales de procesiones sienten vivir en el epicentro de la devoción.
No se me ocurrirá discutir sobre sentimientos y creencias, aunque la verdad es que con sólo dar un paso atrás, con distanciarte un poquito de flores, ceras y bordados percibes lo sobreactuado de ciertos momentos. Por no meterme con lo remoto, me quedo con lo de aquí y, aquí, el alcalde de Tudela ha tenido esta semana un verdadero momento radiofónico a propósito de la Bajada del Ángel que hoy celebra la capital de La Ribera.
Puedo entender que esta tradición del Domingo de Resurrección le parezca a Alejandro Toquero “lo más bonito que hay”, pero me es imposible comprarle el resto de la frase: “Creo que tenemos el día más importante del año, no ya en Tudela sino en toda Navarra”. Para escuchar excesos, ya no hay que irse muy lejos.