En la programación de telenovela turca en la que se ha convertido la política española, se te juntan los personajes de unas con otras. Ya no sabe uno si Aldama era comisionista de Fernández Díaz o si Koldo García intermedió para conseguirle a Villarejo las mascarillas con las que salía a todas horas, con y sin pandemia, para preservar el anonimato que le había proporcionado pingües beneficios en el pasado. Las tramas son diferentes, pero los diálogos carecen de originalidad, subrayados por una música estridente y miradas fijas que se quedan en nada.
Dice Koldo García que va a “reventar” el juicio de las mascarillas con las pruebas que augura, pero no han temblado las bolsas ni ha subido el pan, como si lo hubiera dicho Donald Trump. Por el estrado tienen que pasar unos 80 personajes y será difícil no perderse en quién es amigo de quién o contra quién.
Si a esto añadimos que el juicio por la ‘trama Kitchen’ -que afecta a la cúpula de Interior del Gobierno de Mariano Rajoy- acaba de arrancar, la primavera va a ser pródiga en episodios en los que la trama no parecerá avanzar pero tampoco hay riesgo de que PP y PSOE no renueven sus respectivas series varias temporadas: hasta las elecciones y más allá.
La gota que colma
Y, mientras, ahí está el Gran Israel
Política expansionista. El Gobierno de Benjamín Netanyahu no engaña a nadie: quiere ampliar Israel hacia el norte, el este y el sur. Ahora crece hacia Líbano, como lo hace en Gaza y siempre en Cisjordania. Es difícil entender el sionismo con la perspectiva de la actualidad, pero siempre ha declarado su sueño de construir el Gran Israel, que afectaría a territorios en Gaza, Cisjordania, Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Irak y partes de Arabia Saudí. ¿Una exageración? Sí, pero estamos en tiempos de materializar lo impensable. Ningún razonamiento coherente asumiría su coste. Pero si lo manda Dios...
Koldo sonó ayer como Trump, que anuncia cada dos días la destrucción de Irán pero no acaba de abrir Ormuz. Ayer, entre ultimátum y ultimátum, sacó un rato para hablar de fontanería con los astronautas de la misión Artemis II. Bromearon sobre las cañerías que no funcionan y me recordaron a las cloacas del Estado que, allí lo mismo que aquí, están muy transitadas pero no dejan de apestar aunque cesen a los poceros -la fiscal general y la secretaria de Seguridad en pocas semanas-. A la hora de leer hasta aquí habrá vencido la cuenta atrás a Irán. Si siguen ustedes ahí, sepan que Trump estará más cerca de no ganar esta guerra y, con suerte, un poco más lejos de empezar la siguiente.