En mis treintas me entregué al trip hop de Massive Attack, a la sensualidad de su electrónica oscura y exquisita. Hoy sigo conectando eventualmente con ellos tanto como con la aspereza única de Tom Waits. Continúo comprándole lo que hace, música y cine. Juntos han parido Boots on the ground.
‘Efectivos sobre el terreno’, así han llamado a una criatura que arde como la carne cuando la atraviesa un cuchillo. Es su respuesta a la dictadura endiosada de Trump y la sociedad en llamas que está dejando a su paso, polarizada, violentada y desasistida. En su videoclip hay denuncia conducida por una respiración rasposa que atraviesa seis años de imágenes en blanco y negro, las que catalizan la situación del país desde el Black Lives Matter, revueltas, represión policial animal, miseria en las calles de las grandes urbes. También disparan datos.
‘Un tercio de la población de Estados Unidos vive en ciudades medianas y pequeñas donde, en virtud de acuerdos de colaboración entre las fuerzas locales del orden y el estado, esos agentes se convierten en la práctica en agentes del ICE, la policía de inmigración’. Adoptan la misma presunción de culpabilidad, se extralimitan del mismo modo y ejercen la misma violencia gratuita e inhumana. Son las mismas fieras sueltas por las calles sin control democrático porque el presidente del país autoriza y alienta sus excesos, sus asesinatos.
‘En febrero 68.289 personas estaban detenidas por el ICE. Tres de cada cuatro no tenían antecedentes penales. La mayoría de quienes sí los tenían habían sido detenidos por infracciones leves’.También dicen que los visados de unos 8.000 estudiantes han sido revocados bajo la acusación de actividades pro-Palestina’. Y que el año pasado el Departamento de Vivienda sumó en una noche casi 33.000 militares veteranos, aquel orgullo pretérito del país del águila, en la calle, sin hogar.
Boots on the ground es un manifiesto y su videoclip, una dosis de realidad y denuncia imprescindible.