La creciente inestabilidad geopolítica internacional vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad energética de Europa y, con ella, de nuestra industria. El encarecimiento del petróleo y del gas provocado por la escalada bélica en Oriente Medio amenaza con elevar los costes de producción y trasladar esa presión a los precios de bienes básicos.
No es un escenario nuevo. La invasión rusa de Ucrania en 2022 ya evidenció hasta qué punto la dependencia energética exterior condiciona nuestra competitividad económica. Porque la geopolítica impacta en el precio de la energía, el precio de la energía determina la competitividad industrial y la competitividad industrial condiciona el empleo y el bienestar social.
En este contexto, acelerar la descarbonización y apostar por energías renovables no es únicamente una exigencia climática, sino una necesidad económica y estratégica. Supone reducir la dependencia exterior, amortiguar la volatilidad de precios y garantizar una base energética estable para la industria. En definitiva, avanzar hacia una verdadera soberanía energética: una energía KM0, “made in Navarra” y “made in Europa”.
Navarra parte, además, de una posición favorable. Anuncios recientes como la llegada de Hithium o la elección de Navarra por parte de Hyundai Mobis para su desembarco europeo refuerzan el posicionamiento de nuestra comunidad en el ámbito de las energías renovables y del almacenamiento energético. Tras más de tres décadas acumulando conocimiento en el sector, Navarra dispone de una base sólida para liderar la doble transición ecológica y digital.
Pero esta realidad, lejos de invitar a la autocomplacencia, pone sobre la mesa una necesidad urgente: garantizar la capacidad energética y eléctrica suficiente para atraer proyectos industriales estratégicos y, con ellos, inversión, empleo y desarrollo económico. Porque la disponibilidad energética se ha convertido en un factor decisivo para atraer inversiones, especialmente en sectores vinculados a la electrificación, el almacenamiento energético o la descarbonización de procesos productivos.
El Gobierno del Estado se encuentra actualmente definiendo la planificación eléctrica con horizonte 2030. Sin embargo, la propuesta inicial no se ajusta a las necesidades futuras de Navarra. El Departamento de Industria y de Transición Ecológica y Digital del Gobierno de Navarra, con el consejero Mikel Irujo a la cabeza, ha presentado alegaciones para incrementar la capacidad eléctrica y energética de la comunidad, pero estas aún no han sido resueltas.
Más allá del debate técnico, preocupa una tendencia a centralizar decisiones estratégicas que afectan directamente al desarrollo industrial de territorios que, como Navarra, cuenta con un 31% de PIB industrial. El futuro de Navarra pasa por la industria, por seguir atrayendo proyectos industriales y por incrementar nuestra capacidad eléctrica. Y pasa, por tanto, porque el Estado garantice una dotación energética suficiente para que Navarra no tenga que ir a mendigar megavatios a Madrid.
La apuesta de EAJ-PNV Nafarroa es clara: energía local, renovable y competitiva. La energía KM0 no solo reduce la dependencia exterior, sino que puede convertirse en una ventaja competitiva para atraer industria. Energía más estable, más predecible y con menor volatilidad de precios significa mayor certidumbre para las empresas y mayor capacidad para planificar inversiones a largo plazo. La transición ecológica y digital, en este sentido, no es solo una transformación ambiental, sino también industrial y geopolítica.
Este reto, además, tiene una dimensión europea. Mientras otras grandes potencias priorizan sin complejos su industria, Europa debe reforzar el contenido local y apostar por el “made in Europe”. La protección de la base industrial, la descarbonización y la agilización administrativa deben traducirse en políticas más ambiciosas si se quiere competir en igualdad de condiciones con economías como Estados Unidos o China. Apostar por energía renovable local es también apostar por autonomía estratégica europea.
En Navarra tenemos los mimbres para liderar la doble transición ecológica y digital. Contamos con industria, conocimiento, proyectos, capacidad de innovación y un ecosistema robusto. Pero el tiempo apremia. La cuestión ya no es si avanzar, sino a qué velocidad lo hacemos. Porque en esa velocidad se juega, en gran medida, el futuro económico y social de la Comunidad Foral. Navarra ya ha demostrado que puede liderar la transición ecológica y digital; ahora necesita algo igual de importante: la capacidad eléctrica para hacerlo.